Educación Rural: visitamos nuestros territorios para conocer y apoyar el progreso científico en las Primeras Edades

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  • 23 Noviembre, 2023

La crisis sanitaria generada tras la pandemia de COVID 19, sumado a las clases online, acrecentó una problemática que impidió la oportuna implementación de clases a distancia. Un adverso escenario que fue revertido por las y los educadores repartidos en alejadas e inaccesibles zonas del país, aprovechando las ventajas de una reducida comunidad académica, a través de metodologías personalizadas e integradoras para niños, niñas y su grupo familiar.

En Chile, no son pocas las comunas y zonas geográficas que se han visto históricamente afectadas por su rústica conectividad terrestre, ausencia de medios de transporte y difícil acceso a Internet. Tres elementos que operan en el imaginario nacional, para ilustrar la realidad de un significativo número de jardines infantiles y establecimientos educacionales ubicados en las zonas extremas de nuestro país.  

Según estudios de la Fundación 99, existen más de 30 mil los educadores que trabajan en escuelas rurales a lo largo del país. Su labor habitualmente estimula narraciones llenas de creatividad, dedicación y amor por la infancia. Más aún, si consideramos que, a principios del siglo XX, apenas uno de cada tres niños chilenos asistía a la escuela. Si bien, por aquellos días, el sistema de educación primaria atravesaba por un considerable desarrollo en las principales ciudades del país, las zonas campestres y alejadas del conurbano, experimentaban una alarmante realidad: la enseñanza rural prácticamente no existía y el analfabetismo alcanzaba al 71 % de la población (Museo de la Educación Gabriela Mistral).

Sin embargo, el problema no se limitaba a la falta de escuelas. Un escenario que hacia fines de la década de 1920, derivó en el diseño para la implementación de una política nacional destinada a la creación de establecimientos “verdaderamente rurales”, cuyos programas y métodos fuesen aplicables a su contexto sociocultural. De igual modo, se detectó la necesidad de modificar el sistema de formación de educadores, a fin de entregarles herramientas específicas para su desempeño en el medio campesino. Bajo esta finalidad, la Ley de Enseñanza Normal, decidió implementar y potenciar la creación de Escuelas Normales Rurales.

Una práctica que en décadas posteriores, se vio favorecida con el aumento de la cobertura escolar, haciéndose extensiva a las zonas alejadas de nuestro país, terminando por minimizar la distinción entre escuelas normales rurales y urbanas. 

Desde ese entonces, la ruralidad ofrece un panorama muy distinto. Según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), actualmente los habitantes que viven en zonas rurales disminuyeron al 11,4% del total nacional, representando alrededor de 2.247.64 personas, siendo muchos de ellos niños y jóvenes en edad escolar. 

El precario acceso a Internet y el valor agregado de la tierra como fuente de inspiración científica.  

En 2023, la comuna San Pedro, existen 10.000 habitantes, ubicada en la Región Metropolitana, a 44 kilómetros de Melipilla, no escapa a la realidad a la que se ven sujetas los pequeños poblados, convirtiéndose en un mundo social y educacional de vital importancia.

Gisella García González, Educadora de Párvulos Del Jardín Infantil FrutillitaGisella García González, Educadora de Párvulos Del Jardín Infantil Frutillita (San Pedro), reconoció las desventajas que trae consigo el precario acceso a internet en zonas rurales, puesto que “nos debemos conectar desde el celular. Si no logramos nuestro propósito, a modo de ejemplo, para ver un video, debemos modificar completamente la actividad. Cuando deseamos hacer algo más ilustrativo, no podemos obtener la información. Por ende, siempre debemos estar modificando las experiencias de aprendizaje”. 

Sin embargo, también existen ventajas comparativas, asociadas a la naturaleza y espacio exterior, beneficiando el proceso de aprendizaje de los niños. “Nosotros salimos y ellos exploran, juegan e indagan, puesto que disponen de un sinnúmero de experiencias para vincular con su quehacer educativo. Todas las dinámicas de aprendizaje son planificadas y traen consigo una intención. Tenemos juegos, un lindo entorno y la permanente colaboración de los apoderados para implementar o suplir algún tipo de necesidad que debiésemos cubrir”, explicó la educadora. 

Según González, “durante el presente año, decidimos junto a los niños trabajar con greda. En la zona, específicamente en los cerros, existe una importante cantidad de piedras arcillosas. Una idea que a ellos les encantó, manteniéndolos en contacto con la naturaleza, a través de un material muy significativo para la comuna de San Pedro. A su vez, el rol de la familia es fundamental para que los niños desarrollen su interés por las Ciencias e investigación. Si incentivamos a sus padres y ellos nos apoyan, resulta aún más enriquecedor”. 

Para Lisette Encina Benavides, Educadora de Párvulo en la Escuela Básica de San Pedro, la experiencia de trabajar con Explora “ha resultado maravillosa. Todo lo aprendido me sirvió para ir conectando los aprendizajes, con distintas áreas de las Ciencias. Mis estudiantes implementaron un proyecto de tecnología, a través de un huerto provisto de lupas y regaderas fabricadas por ellos mismos”. 

El pensamiento crítico aplicado a las metodologías de investigación

Hoy, no resulta un misterio que para el mundo rural, los problemas de conectividad y precario acceso a Internet, trae consigo un escenario sumamente complejo. Mayor aún, ante un escenario de catástrofes naturales, inundaciones o zonas de aislamiento, impidiendo el arribo de los estudiantes al establecimiento. 

Sin embargo, Elías Aldana, Director del Centro Educacional Menesiano de Culipran, destacó que estas dificultades han generado la aplicación de estrategias proactivas destinadas “a mitigar estas anomalías. Cuando tenemos la oportunidad de que nuestros estudiantes vengan a clases, movilizamos todos nuestros recursos disponibles. Utilizamos todo nuestro entorno natural, ya sean los parques, parcelas ganaderas y frutales en función de sus motivaciones. Los mismos huertos, donde los estudiantes desarrollan proyectos que van desde las primeras edades, hasta niños y niñas de Educación Media, son el fiel reflejo del gran interés que despiertan estas iniciativas”. 

De igual modo, “algunos estudiantes apadrinan animales de la parcela ganadera, permitiendo incrementar su aprendizaje. Hoy, nos interesa que nuestros estudiantes aprendan a pensar, siendo conscientes que, en la sociedad actual, el conocimiento lo internalizamos a través de la tecnología, o bien, por medio de un celular o Internet”, explicó el Director. 

Aldana, manifestó su interés en que “los estudiantes aprendan a pensar, desarrollar y proponer un pensamiento crítico, capaz de razonar, recoger evidencias, establecer conclusiones y relacionar diversos elementos de relevancia para su investigación”. 

Asimismo, las dificultades que acarrea el precario acceso a Internet, trae aparejadas ventajas comparativas que serían muy difíciles de encontrar en un espacio urbano. Una cualidad acrecienta el apego transversal de la comunidad estudiantil, hacia el campo, ruralidad y actividades desarrolladas en torno a la tierra.

No obstante, el profesional manifestó que “el desarrollo de Chile, viene aparejado del fortalecimiento de la Ciencias.  Acá, pretendemos que nuestros estudiantes no repitan los patrones que tienen sus padres o abuelos. Para nosotros, esa conducta sería un fracaso. Hoy, lo importante es que ese estudiante inyecte innovación y tecnología a sus procesos de trabajo. Eso nos va a permitir el acceso a un campo y vida con mayores oportunidades de crecimiento”. 

 

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