Una mirada hacia el futuro en medio de la penumbra

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  • 17 Julio, 2019

Los eclipses han sido fundamentales para los avances de la ciencia en la cultura occidental, desde la cultura griega hasta la teoría de la relatividad de Einstein. La astrónoma de la Universidad de Chile y asesora del PAR Explora Sur Poniente, Antonia Fernández nos cuenta un poco más sobre esto.

El interés por entender fenómenos que se observan en el cielo es prehistórico y la necesidad de la especie humana por saber qué hay más allá de lo terrenal no tiene un origen claro, pero se estima que la astronomía está entre los más antiguos saberes. Esto es lo que explica el astrónomo Mario Hamuy en su libro “El Sol Negro”.

“Eclipse” viene del griego “ekleipsis”, que significa desaparición o abandono. Este fenómeno era altamente perturbador para los pueblos de la antigüedad. No solo despertaba ansiedad, sino que también pavor e incertidumbre ya que presenciar el oscurecimiento del sol, la fuente de la vida, no tenía una explicación lógica. Tal como explica Mario Hamuy en su libro El Sol Negro. “Fue el reino asirio el que cambió la perspectiva de pavor del fenómeno cuando los reyes ordenaron observar el cielo desde distintos lugares e informar lo que ocurría. Los registros fueron enviados a sus palacios y luego atesorados en le Biblioteca de Nínive”.

Esta observación llevó, más tarde, a los caldeos a cuantificarlos. Observaron 373 eclipses a lo largo de ocho siglos, a los que aplicaron técnicas matemáticas para modelar los movimientos del sol, lo que más tarde permitió predecirlos. Fue desde este momento cuando el fenómeno entró al territorio de la física, lo que ayudó a entender la vida de los astros como entes de la naturaleza.

Antonia Fernández, astrónoma de la Universidad de Chile, y asesora científica del PAR Explora Sur Poniente explica “la observación de los eclipses ayudó a entender los ciclos de la luna y el sol, que fue muy importante para la civilización occidental. Asimismo, la teoría de la relatividad de Einstein, que era solamente teórica, fue comprobada con la observación de un eclipse. Esta teoría solo era comprobable al estudiar objetos muy masivos y sus movimientos, como es el caso del sol, pero su luminosidad no permitía estudiarlo. Entonces, el eclipse era el momento perfecto para hacerlo”.

 

La astrónoma señala que el interés que generó este fenómeno para corroborar la teoría de la relatividad del matemático alemán llevó a un grupo de físicos a perseguir eclipses y en 1919 llegaron a Brasil para estudiar uno de ellos. Según explica Fernández, “la luna, al cubrir el sol, iba a permitir observar las estrellas que estaban cerca de la línea de visión del sol. Si la teoría de la relatividad era real, estas estrellas se iban a ver en posiciones distintas, ya que, como el sol es tan masivo, deformaría el espacio y la luz se iría a cualquier lado”. Y así fue: los científicos compararon las dos imágenes, con eclipse y sin eclipse, y notaron que las estrellas estaban en posiciones distintas. Mientras más cerca del sol más se alejaban de su posición original. La teoría de la relatividad era cierta.

¿Cuáles son las implicancias que tuvo este hallazgo para la astronomía y para la ciencia? Fernández explica que “todas las comunicaciones que tenemos hoy son gracias a la corroboración de esa teoría: los satélites, los GPS, todo nuestro mundo tecnológico no existiría si no se hubiese comprobado la teoría de la relatividad a través de ese eclipse”.

Tras cada eclipse es posible estudiar algo. El eclipse que recién tuvo lugar en la región de Coquimbo, permitirá estudiar la corona del sol y entregará información nueva para seguir intentando comprender el comportamiento de los astros.

Según el segundo informe del Estado del Medio Ambiente Chile albergará el 70% de la infraestructura mundial de telescopios en los próximos años, puesto a que los cielos del norte del país gozan de todas las características necesarias para la observación: clima, accesibilidad, altura y seguridad. Esto es una oportunidad para el desarrollo de la ciencia y la astronomía en nuestro país. Sin embargo, observar eclipses no será para siempre. Cada año la luna se separa entre 3 a 4 centímetros de la tierra. En unos 600 millones de años estará demasiado lejos como para ocultar el sol por completo y el eclipse solar total será un recuerdo del pasado.

Texto: Catalina Moya Catalán

Fotos: Paula Fredes Cortés, Gabino Reginato

 

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