Cómo se enfrentan los agricultores de la Zona Central al cambio climático

ACT2.3
  • 9 Diciembre, 2019

Dos investigadores del Centro de Información de Recursos Naturales (CIREN) perteneciente al Ministerio de Agricultura, nos cuentan los desafíos a los que se enfrentan los agricultores hoy en día debido al cambio climático. Gracias a la iniciativa 1000 científicos 1000 aulas, niños, niñas y jóvenes de los sectores rurales de la Región Metropolitana pudieron observar y aprender a través de la experiencia, cuáles son las causas, los resultados y las iniciativas de adaptación que se están generando en sus territorios.

Por: Catalina Moya Catalán

“Existe la idea de que hay que abandonar el campo, de que cuando los niños y niñas se educan deben mudarse a las ciudades. Yo no comparto esa idea, yo creo que el campo hay que cuidarlo y trabajar la tierra de forma responsable”. Son las palabras del agrónomo Juan Pablo Flores, investigador del CIREN, que participó en la iniciativa 1000 científicos 1000 aulas en la Escuela Básica Atalicio Aguilar de la comuna de San Pedro.

También conocida como “San Pedro de Melipilla”, esta comuna es reconocida por sus frutillas, catalogadas como las mejores en el país e incluso del Cono Sur de América. Esta característica hizo que el investigador visitara la zona hace algunos años atrás. “Yo quería volver, estuve con un proyecto hidrológico para los frutilleros, y ahora que se presentó la oportunidad me pareció súper motivante trabajar con niños y niñas de esa zona”.

Investigador Juan Pablo Flores en Escuela Atalicio Aguilar de San Pedro

A través de un sistema de simulación de parcelas, Flores explicó a los asistentes a su charla cómo la vegetación actúa como barrera natural para conservar los nutrientes de la capa superior del suelo. Su presentación consistía en usar dos cajas rectangulares con tierra y vegetación encima, dejando escurrir agua por encima de ambas. El agua que escurría por la parcela (caja) con vegetación, salía clara sin arrastrar mucho sedimento; en cambio, el agua que escurría por la caja con tierra árida, arrastraba consigo un montón de material, dejando un surco en medio de la parcela. De esta manera se representó lo que es la erosión, llevando a escala pequeña el fenómeno que ocurre en la agricultura.

Juan Pablo Flores explicando el experimento de simulación de parcelas

 

San Pedro ha sido decretada como zona de escasez hídrica en la Región Metropolitana. La falta de vegetación debido a las altas temperaturas, la falta de lluvia y la sobre explotación de los recursos fluviales de la zona han mermado la flora, dejando al descubierto el suelo, otro escenario del efecto del cambio climático y que juega un rol protagónico en la calidad de los alimentos que consumimos.

“Un suelo bajo en nutrientes suele generar escasez de recursos naturales que se pueden extraer, e impacta directamente en las comunidades cuyo sustento es la agricultura, hay una relación muy directa ahí. Estamos viviendo procesos de erosión muy acelerados en comparación con los últimos años, entonces hay que invertir muchos más recursos en fertilizantes para obtener productos de mediana calidad, pero sabemos que no todos pueden pagar esos costos”. Explica el Dr. Flores, Jefe de la Unidad de Recursos Forestales.

 

 

Adaptación y Resiliencia

“Cambio climático en mi huerta”, era el nombre de la charla 1000 científicos 1000 aulas del Ingeniero Agrónomo Horacio Merlet, que se realizó en la Escuela básica Tegualda de Talagante. Para entender estos cambios es necesario estudiar el clima como fenómeno físico y su relación con las plantas. “¿Qué medimos? ¿Qué cosas nos importan para estudiar el clima? Nos importa la helada, nos interesa la acumulación del calor, las temperaturas extremas, los golpes de sol. Esas son nuestras variables y para eso hay que concentrarse en algunos fenómenos naturales fundamentales que han ido cambiando”. plantea el investigador y Jefe de la Unidad de Agroclima de CIREN.

La evidencia científica señala que desde el sol recibimos radiación de diferentes longitudes de onda, un conjunto de energía cuyos rayos rebotan mientras otros son absorbidos por la atmósfera. No todos estos logran salir y quedan atrapados en las moléculas de algunos gases, con esto aumenta el CO2, que se traduce en un aumento de la temperatura que recibe directamente la agricultura en distintas latitudes. Esto ha generado cambios en los últimos años y se proyecta que en el futuro hayan zonas imposibilitadas de recibir los cultivos que están recibiendo hoy.

 

Investigador Horacio Merlet

El calentamiento global se ha medido desde la era preindustrial hasta hoy –1850 en adelante, según los informes anuales del IPCC–.y la medición evidencia un aumento considerable de dióxido de carbono. No obstante, más atrás en el tiempo, en los últimos 800 mil años, la concentración de CO2 ha fluctuado en niveles altos, bajos y medios, teniendo su cifra más elevada en el último tiempo. En este sentido, cobra fuerza la teoría de que este fenómeno no tiene precedentes. Pero ¿cómo poder llegar a mediciones tan atrás en el tiempo? Merlet explica “Esa proyección se hace midiendo las burbujas de aire de los glaciares, que tienen kilómetros de profundidad, el aire de la atmósfera queda atrapado y ahí podemos hacernos una idea de cómo era el mundo en esa época, son una verdadera máquina del tiempo”.

Diversos sistemas tecnificados intentan combatir estos cambios a lo largo del país. Fuego controlado para la helada, techos para lluvias inesperadas, cobertura para las temperaturas bajas o demasiado altas, cintas exudantes para la sequía que permiten que el agua se utilice eficientemente a largo plazo. Todas estas son formas de adaptación que han buscado los agricultores para salvaguardar los recursos que llegarán a la mesa de cientos de personas día a día.

 

Tanto Merlet como Flores, señalan la importancia de compartir estos temas entre quienes habitan sectores rurales, donde los impactos son mucho más notorios, puesto que varios de los niños/as y jóvenes presentes en las actividades provienen de familias agricultoras. El Doctor Juan Pablo Flores enfatiza, “yo empecé mi charla preguntando quienes tenían familiares que trabajaban la tierra y varios levantaron la mano. Con eso generé una cercanía inmediata con los chicos y chicas, porque es parte de su identidad y debemos destacar la importante labor que ellos realizan para alimentar a personas día a día”.

Dentro de las otras charlas facilitadas por investigadores del CIREN están: “Un viaje para explorar el altiplano chileno”, por Analía Delsouc en la Escuela Básica Reino de Noruega de Quinta Normal; “Suelos para la vida: ¡Fíjate dónde caminas!”, por Paulina Ibarra en el Colegio Centenario de Maipú; y, “Cómo nos vemos desde las estrellas”, por Pedro Muñoz en el Colegio Superior del Maipo de San Bernardo.

 

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