El arte, un invitado especial en la fiesta de la ciencia

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  • 27 Diciembre, 2019

“El universo no sólo entrega datos sino también experiencias y sensaciones” indica el Dr. Andro Montoya, científico y artista del grafiti, quien participó en la fiesta de la ciencia EUREKA, organizada por el PAR Explora RM Norte el pasado 6 de octubre en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM).

Entremedio de la entrega de mil árboles del Instituto Milenio de Biología Integrativa (iBIO), los simuladores de terremotos y maremotos de CIGIDEN, los 22 stand y los talleres realizados por las instituciones participantes, durante la fiesta de la ciencia Eureka, un grupo de jóvenes dirigidos por Andro Montoya daba vida a un mural que mostraba todas las bondades del astro Sol. Allí, exhibieron sus efectos sobre el ciclo del agua, la fotosíntesis en las plantas, la síntesis de vitamina D y las alteraciones en el ADN, resaltando la escala de colores, desde el rojo, pasando por el amarillo, verde, azul y el ultravioleta.

Extraña puede resultar la conjunción entre arte y ciencia, no tanto en la obra misma, sino más bien en quién es capaz de desarrollar ambos campos, que tienen formas muy diferentes de relatar el universo. Aunque puede parecer complejo, no lo fue así para Andro Montoya, grafitero e Ingeniero en Biotecnología Molecular de la Universidad de Chile, con un Doctorado en Ciencias con mención en Biología Molecular, Celular y Neurociencias de la misma casa de estudios.

Andro Montoya es científico, pero creció en un círculo de artistas cuya familia y amigos de sus cercanos también lo eran. A su padre, artesano del cuero, le gustaba la actuación, además de escribir poesía. A su madre, le apasionaba la danza y la costura. Aquel legado permitió que su parte artística se desarrollara con naturalidad, porque provenía de su cotidianidad. De hecho, recuerda que junto con el retorno de la democracia en Chile, los amigos de sus padres crearon la “Brigada Jurel tipo Toyo”, colectivo que pintaba murales en la población.

Su gusto por la ciencia y tecnología se inició más tarde, pero también con pequeños esbozos en su niñez. Según relata, “había en ese entonces programas de televisión como ‘El mundo del profesor Rosa’, donde se mezclaba muy bien el arte del dibujo con la vida de los animales, los fenómenos de la naturaleza, y otros temas que involucraban ciencia y tecnología”.

“Siempre me gustaron los computadores, los videojuegos, los robots, la inteligencia artificial y, por otra parte, la naturaleza, los gusanos, las ranas, el paisaje, las células, el sistema sanguíneo, etc.”. Y esto son algunas de los tópicos que se encuentran plasmados en las obras de Andro Montoya.

Fue así como su interés en la naturaleza y la tecnología lo llevaron a estudiar Ingeniería en Biotecnología, ya que, según recuerda, siempre le gustaron los computadores, los videojuegos, los robots, la inteligencia artificial, y, por otra parte, la naturaleza, como los gusanos, las ranas, el paisaje, las células, el sistema sanguíneo, etc… elementos que también se encuentran plasmadas en sus obras.

La ciencia de cómo percibimos el universo y cómo respondemos.

Durante el doctorado, realizó sus tesis en el laboratorio de Neuroinmunología en la  Fundación Ciencia y Vida con el Dr. Rodrigo Pacheco, donde estudió cómo alteraciones del sistema inmune se encuentran asociadas al desarrollo de diferentes patologías y, en su caso particular, investigó cómo la expresión de un receptor de dopamina (neurotransmisor que permite la comunicación entre diferentes células que conforman nuestro cuerpo, especialmente en el sistema nervioso) en células como las microglias (células del sistema inmune del cerebro)y astrocitos (células de soporte del cerebro), pueden estar implicadas en el desarrollo de patologías como Parkinson o Esclerosis Múltiple.

“Entré al laboratorio con el interés de estudiar este nexo entre el sistema nervioso y el sistema inmune, donde uno percibe el universo y la existencia, mientras que el otro es el que responde frente a eso”, cuenta. “Estoy muy interesado en el efecto de la mente sobre el cuerpo, cómo el estrés deteriora la salud, o cómo la tranquilidad, armonía mental o estados de meditación mejoran la misma. Procesos cotidianos de conducta, como sensaciones, emociones o sentimientos, pueden influenciar procesos inmunológicos, como las defensas frente a un patógeno o la manera cómo responde el cuerpo frente a agresiones”. Esto no es raro, ya en el año 2004 la revista ‘The Lancet’ publicaba una revisión de la evidencia de cómo factores celulares, moleculares e inmunológicos están alterados en condiciones de estrés crónico y depresión, y que se encuentran asociados a la iniciación y progresión del cáncer”.

Su visión más holística la adquirió de su madre, actualmente acupunturista, con quien pudo conocer diferentes enfoques de la fisiología humana. La acupuntura ha sido utilizada comúnmente en la medicina China por años y desde los años 70 se comenzó a emplear en occidente, principalmente en el tratamiento del dolor. Para apoyar su uso, el Dr. Montoya indica que “hoy en día es tiempo de juntar todos estos conocimientos dispersos de medicina oriental y medicina occidental. Este tipo de exploración me parece muy interesante y me gustaría desarrollarla”.

Cómo se benefician mutuamente la ciencia y el arte

Según explica el Dr. Montoya, es más claro ver cómo el arte se va beneficiando de las cosas que la ciencia va develando. De hecho, indica que “las cosas fruto de la exploración científica son las que me inspiran, por eso en mi obra hago criaturas con ojos, nariz y movimiento. Además, me gustan las células, cuyas formas podemos también ver en la naturaleza… la manera en que crecen las ramas de un árbol o se distribuyen los brazos de un río cuando llega al mar, son formas que, gracias a la ciencia, podemos conocer que también las encontramos en las neuronas”.

“el arte puede hacer un resumen estético visual o auditivo para mostrar los datos duros que se adquieren con el método científico”.

Más complejo es entender cómo la ciencia se beneficia del arte, pero si ocurre como el Dr. Montoya explica, “el arte puede hacer un resumen estético visual o auditivo para mostrar los datos duros que se adquieren con el método científico”. Es por eso que Andro, junto a su amigo y compañero en el arte del grafiti, el médico Guillermo Mardones, profesor de anatomía de la Facultad de medicina de la Universidad de Chile y quién también participo en la creación del mural de EUREKA, están desarrollando la iniciativa de infomurales de trabajos científicos en los barrios, de forma de llegar allí con la sofisticación de las publicaciones científicas o libros a personas no científicas.

“Sin simplificarlos tanto, no pretendemos subestimar a las personas, queremos llevarles a través de imágenes lo que está pasando hoy en día en la frontera del conocimiento”, señala Andro.

Fundación Arte + Ciencia

Andro Montoya es también Artista Director de Vinculación Científica de la Fundación Arte + Ciencia, una plataforma sin fines de lucro que acoge iniciativas que apoyan la generación de nexos que se pueden establecer entre artistas y científicos.

“Espero evolucionar por ahora, poder llevar el conocimiento más sofisticado de la ciencia a sectores más pobres o marginados de la sociedad, más oprimidos y estigmatizados, es un acto y una decisión política”.

La fundación realiza talleres para entregar el pensamiento artístico a científicos con el fin de que estos logren expresar sus investigaciones desde las sensaciones y no tanto del pensamiento lógico que se plasma en una publicación de una revista científica, con el fin de proyectarlas artísticamente para darlas a conocer, porque según señala Andro, “quiénes más que ellos que son los expertos para mostrar lo que significan sus investigaciones para la humanidad”. Según nos cuenta, “la fundación se ha vuelto más dinámica, pues nos hemos hecho notar intencionalmente para salir al público y comunicar nuestra propuesta y compartir los que sabemos en cuanto a la relación entre el arte y la ciencia”.

Andro Montoya, desea seguir creciendo como artista, y tiene ganas de “evolucionar, para poder llevar el conocimiento más sofisticado de la ciencia a sectores más pobres o marginados de la sociedad, más oprimidos y estigmatizados. Es un acto y una decisión política, creo que ahí empieza esta cosa y espero que evolucione hacia eso”.

 

 

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