¿Sabías que los seres humanos siempre estamos comunicando?

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En la interacción humana, toda conducta tiene el valor de un mensaje. La comunicación está omnipresente en todos los procesos a nuestro alrededor: conversaciones, lecturas, al observar una obra de arte, en las tecnologías. La usamos con otros seres humanos, pero también intentamos comprender otros tipos de comunicación entre animales, máquinas o sistemas tecnológicos.

La palabra "comunicación" evoca los más diversos significados. ¿Podríamos asociarla por ejemplo con la respuesta del sistema inmune a la "invasión" de un elemento extraño? ¿O con las sinapsis neuronales? Tal vez está en el comportamiento migratorio de especies animales, o en los "intercambios químicos" entre insectos.

En 1940, el ingeniero estadounidense Claude E. Shannon formuló lo que llamó teoría de la información. Shannon estaba trabajando en el proceso de traspaso de información entre dos fuentes, y le interesaban sobre todo los aspectos medibles del proceso. Su teoría se refirió específicamente al problema de las condiciones técnicas que permiten la transmisión de un mensaje. En su artículo de 1948, "Una teoría matemática de la comunicación", Shannon definió los componentes del sistema: fuente, transmisor, canal, receptor y destino de la información. Además, incluyó al ruido como "distorsiones externas al proceso", que influyen en él.

Sólo un año después, en 1949, el sociólogo Warren Weaver expandió este esquema, al señalar que los problemas de comunicación se podían analizar en tres niveles: técnico, semántico (referido al significado e interpretación del mensaje) y pragmático (sobre las consecuencias de la comunicación en el comportamiento de las personas). El trabajo de estos dos científicos, de campos tan disímiles, comenzó a ser llamado "modelo de Shannon y Weaver", y trascendió ampliamente el acotado espacio que Shannon le había determinado en un principio, llegando a convertirse en un referente obligado para el estudio de la comunicación humana.

Posteriormente, otros investigadores adoptaron una postura muy crítica con respecto a este modelo, el cual consideraban no conseguía abarcar el complejo universo de la comunicación humana, un proceso repleto de interacciones. Watzlawick, Jackson y Beavin, de la Escuela de Palo Alto en California, definieron en 1967 cinco axiomas de la comunicación humana, de los cuales destacamos:

1) Es imposible no comunicar. En la interacción humana, toda conducta tiene el valor de un mensaje. Como no existe la no-conducta, siempre estamos comunicando.

2) Toda comunicación tiene un nivel de contenido (lo que decimos) y un nivel relacional (a quién y cómo lo decimos). No sólo transmitimos datos, también establecemos una relación con nuestro interlocutor.

3) Las personas utilizan tanto la comunicación digital (símbolos lingüísticos y/o escritos) como la analógica (lenguaje no verbal).

El aroma del amor

Corría la década de 1870. El naturalista francés Jean-Henri Fabre trabajaba en su laboratorio, cuando comenzó a recibir extraños invitados: polillas macho, que se desplazaban kilómetros para "visitar" a una polilla hembra que Fabre tenía encerrada. Sospechó que se trataba de una extraña atracción debida a algún tipo de olor que despedía la polilla hembra, pero no pudo comprobarlo. Se adelantó casi 100 años: recién en 1959, después de 20 años de trabajo, el químico alemán Adolf Butenandt consiguió identificar un alcohol que era el vehículo del mensaje de atracción de la polilla del gusano de seda. Así nació el estudio de las feromonas.

Los insectos sociales, como las hormigas, abejas y termitas, son una fuente particularmente rica de feromonas, las cuales usan para comunicarse sobre la comida, predadores y las relaciones sociales. También algunos anfibios, la mayoría de los reptiles y de los mamíferos tienen un órgano llamado vomeronasal (OVN), que les permite captar las feromonas. En la mayoría de las especies que tienen un OVN, éste está directamente relacionado con el hipotálamo, la parte del cerebro encargada de las réplicas primitivas al miedo, la comida y la respuesta sexual. El hipotálamo regula además la presión sanguínea, los latidos del corazón, la temperatura del cuerpo y otras funciones fisiológicas básicas. ¿Tenemos también los humanos un órgano vomeronasal? Algunos científicos han postulado que podría estar en un pequeño grupo de células nerviosas ubicado en el tabique divisor de los orificios nasales. Pero nadie ha logrado demostrar que efectivamente sea así. Más importante aún, muchos científicos no consideran que se haya demostrado fehacientemente la relación entre un posible OVN humano y el hipotálamo.

Como sea, algo sucede con la comunicación química entre humanos. En algunos casos parece haber una relación clara entre los olores y algunas respuestas humanas. La nariz podría tener otras maneras de detectar estas sutilezas químicas. De muestra, un botón. En 2000, el zoólogo Claus Wedekind dirigió una investigación en Suiza para estudiar si existía esta posible comunicación química entre nuestro cerebro y sustancias externas. Trabajando con ratones, descubrió que parecían preferir cruzarse con animales cuyos genes del sistema inmune (del llamado complejo de histocompatibilidad mayor, CHM) fueran diferentes a los propios. Mientras más diverso sea este grupo de genes entre los padres, mejor será el sistema inmune de sus descendientes. Pero, ¿cómo sabían los ratones a quién elegir?

Wedekind reclutó a 44 hombres, quienes usaron la misma camiseta por dos noches seguidas, y se asearon con jabones y desodorantes sin aroma. Luego, Wedekind pidió a 49 mujeres que evaluaran el olor de las camisetas. Cada mujer olió siete camisetas: tres de hombres cuyo CHM fuera similar al de ellas, tres con un CHM diferente y una camiseta nueva, como sistema de control. Las mujeres declararon preferir el aroma de hombres con CHM diferente al de ellas. Por el contrario, las otras camisetas les recordaban a los olores de sus padres o hermanos. Esta investigación dejó una pregunta en el aire: las elecciones, ¿eran dirigidas por feromonas, por sustancias odoríferas habituales, o por ambas?

Representar la comunicación: la escritura

La escritura no consiste sólo en dibujos representando objetos concretos, sino que es una representación simbólica del lenguaje, es decir, de una forma hablada de comunicación. Por eso, su "invención" sucedió probablemente en épocas y lugares distintos: Egipto, China, Pakistán, América Central. Sin embargo, la historia considera a los habitantes de la antigua Mesopotamia, donde hoy está Iraq, como los "inventores más antiguos" de la escritura. Tabletas de arcilla de antes del 3000 AC, están llenas de lo que se considera el antecedente de la escritura cuneiforme, que probablemente representa el lenguaje de los sumerios, antiguos habitantes de esa zona.

Probablemente, la exigencia de registrar pensamientos abstractos, nuevos nombres y lugares, fue lo que encendió la chispa de la necesidad por escribir. No es accidente que la escritura haya aparecido en Mesopotamia durante un período de expansión política y económica. Pero, ¿cómo se pasó de pictografos - figuras que representaban un significado- a la escritura? Pudo ser mediante la improvisación. Paulatinamente, los escribas adaptaron símbolos de objetos concretos para representar nombres y pensamientos abstractos. El truco, tal vez, estuvo en usar la fonética: el sonido del lenguaje.

Por ejemplo, la palabra sumeria Ti significaba "dar vida a", algo muy difícil de escribir. Pero Ti también significaba "flecha", y por tanto los escribas empezaron a usar el signo de una flecha para "escribir" la idea de dar vida. A medida que los íconos se fueron asociando a sílabas, y luego a sonidos de letras, el lenguaje escrito comenzó a requerir menos símbolos. Los alfabetos que conocemos hoy son extremadamente flexibles: para construir todas las palabras del español, más de medio millón, sólo ocupamos 27 letras.

Una vez que se inventó, la escritura se transformó en una herramienta central de la clase dominante. Los registros sobre quién era dueño de algo, quién producía y quién debía, se volvieron esenciales para quienes regían las sociedades. Los pocos que aprendían a leer y escribir eran parte de la élite. Sobre todo en un primer momento, escribir facilitó el control central de la sociedad y la expansión de los imperios. Aunque permitió la difusión del conocimiento, la imposición forzada de un lenguaje y de una forma de representarlo tuvo un efecto de "imperio intelectual" sobre las formas de registrar y, por ende, incluso de pensar.

¿Hay alguien allá afuera?

Carl Sagan, el fallecido astrónomo y divulgador científico estadounidense, fue uno de los gestores de los dos primeros mensajes comunicacionales que el ser humano envió al espacio exterior: un dibujo y un registro de sonidos e imágenes.

En 1973, la NASA envió al espacio las sondas espaciales Pioneer 10 y 11, las cuales transmitirían a la Tierra datos de los dos gigantes del sistema solar: Júpiter y Saturno. Después de cumplir con su tarea, las sondas seguirían hacia el espacio exterior. Sagan y su colega Frank Drake consiguieron autorización de la NASA para incluir en el Pioneer 10 una placa grabada con símbolos, en caso de que la nave pudiese llegar a manos de alguna civilización extraterrestre. Los dibujos se realizaron de tal modo que una civilización inteligente pudiese comprender el mensaje que encerraban: un átomo de hidrógeno, un hombre y una mujer, el Sistema Solar.

Pioneer 10 viaja ahora hacia la estrella Aldebaran, a unos 68 años luz, por lo que su travesía tardará unos 2 millones de años. La última vez que se logró una comunicación con ella fue el 3 de marzo de 2002.

En 1977 la NASA envió otra misión espacial al Sistema Solar exterior, los Voyager 1 y 2. Estas naves también continuarían su trayectoria después de realizar su labor, pero en el sentido opuesto a la dirección que llevaba el Pioneer 10. Sagan y Drake nuevamente incorporaron un mensaje en las naves, y el avance de la tecnología les permitió crear un disco con imágenes y música con la historia de la Tierra. En la creación del mensaje participaron múltiples intelectuales y artistas. El disco contiene 118 fotos, 20 de ellas a color; saludos en 55 idiomas que van desde el Akkadian, hablado hace 6000 años, hasta el Wu, un dialecto moderno chino; 19 sonidos de la Tierra (olas, viento, pájaros y un beso entre una madre y su hijo) y 27 melodías, desde música tradicional de todo el mundo hasta conciertos clásicos, pasando por el rock’n’roll Johnny B. Goode, de Chuck Berry.

Las dos naves Voyager continuarán operando y enviando datos a la Tierra hasta alrededor de 2020, y luego seguirán su viaje a lo desconocido.

Bibliografía:

• Watzlawick P, Beavin J, Jackson D, "Teoría de la Comunicación Humana", Barcelona Editorial Herder, 1991

• Armand y Michele Mattelart, "Historia de las Teorías de la Comunicación", Barcelona, Paidós, 1997.

FUENTE: Andreas Reisenegger: astrofísico teórico de la Universidad Católica de Chile.