En marzo, un equipo internacional de astrónomos, integrado por tres académicos de la Universidad de Concepción, publicó la medición más exacta entre dos galaxias jamás hecha. Un descubrimiento que arroja datos claves sobre la aceleración del universo.

La Nebulosa de la Tarántula, parte de la Gran Nube de Magallanes.

La forma más precisa para conocer el universo es intentar establecer las distancias  exactas entre sus distintas galaxias. Con esa información, es posible comprender mejor su pasado, calcular la velocidad de su expansión y anticiparse a su incierto futuro. Eso es lo que cree Wolfgang Giener, el doctor en Astronomía e investigador de la Universidad de Concepción que hace dos meses fue parte de un hito que dio la vuelta al mundo: la publicación, en la prestigiosa revista Nature, de la medición más exacta jamás hecha entre la Gran Nube de Magallanes y la Vía Láctea.

Junto a los astrónomos Grzegorz Pietrzynski y Darek Graczykdos, de su misma casa de estudios, y un equipo compuesto por 22 investigadores de países como Estados Unidos, Alemania y Francia, Giener se dedicó a observar los movimientos de un grupo de estrellas binarias eclipsantes —sistemas de dos estrellas ligadas entre sí por su fuerza gravitatoria—, pertenecientes a la Gran Nube de Magallanes, una de las galaxias más cercanas a la nuestra. Su objetivo era comprender cuánto tardaba cada grupo de estrellas en completar su ciclo orbital, y usar esos datos para calcular la distancia a la que nos encontramos de ellas.  Pasaron 16 años mientras el equipo conseguía la cantidad de información necesaria que sus cálculos fueran perfectos.

Los astrónomos Wolfgang Giener y Grzegorz Pietrzynski.

—En la astronomía queremos entender la historia del universo, su edad y, sobre todo, lo que vendrá —dice Giener, al teléfono desde su oficina en la Universidad de Concepción—. Este descubrimiento nos permite conocer un poco mejor esas cosas, pero también es un avance para descifrar algo fundamental sobre el universo, que nadie sabe bien qué es y que los astrónomos llamamos energía oscura.

Ésta aporta cerca del 70% de la energía y masa del universo, y es un terreno aún velado para los astrónomos. Una de las pocas cosas que sabemos de ella es que está por todo el espacio, ejerciendo una presión que tiende a acelerar la expansión del universo. Entender esa energía misteriosa, y los mecanismos con que afecta a todo lo que conocemos, dice Giener, es probablemente el mayor secreto que podemos enfrentar allá afuera. Para eso, explica el científico, lo primero que debemos conocer es la velocidad en la que el cosmos se está expandiendo, algo que no podemos saber sin antes no calculamos la distancia entre las galaxias.

—En 1929  el astrónomo estadounidense Edwin Hubble descubrió que el universo está en expansión —dice el astrónomo—. Los astronomos pensaron que esa expansión se iba a frenar con el tiempo, pero en 2011 se descubrió que era lo contrario, que se aceleraba. Eso fue una sorpresa total, y nos dio a entender que hay algo en la energía oscura que causa esa expansión acelerada. Así se creó la constante de Hubble, que busca conocer la tasa de expansión del universo.

Inspirados en esta búsqueda, el equipo de 22 investigadores logró establecer qué tan lejos estamos de la Gran Nube de Magallanes, como nunca antes nadie lo había hecho. En términos astronómicos, sus mediciones tienen un 1% de precisión, lo cual significa que la probabilidad de que sean diferentes a la realidad es casi nula.

 

“En la astronomía queremos entender la historia del universo, su edad y, sobre todo, lo que vendrá. Este descubrimiento nos permite conocer un poco mejor esas cosas, pero también es un avance para descifrar lo que llamamos energía oscura”, dice Wolfgang Giener.

 

En 2013 ya habían logrado sus primeros resultados, pero no con el nivel de precisión que necesitaban. Hasta ese momento, cuenta, observaban ocho pares de estrellas, en sus órbitas de entre 100 y 800 días en la Gran Nube de Magallanes. Luego decidieron aumentarlo a casi una veintena de sistemas binarios, los cuales rastrearon desde los observatorios Paranal, Las Campanas y La Silla, ubicados en nuestro país, y desde el South African Astronomical Observatory, en Sudáfrica. El próximo paso, explica, es conseguir medir la distancia con galaxias más lejanas.

—La humanidad ha intentado por más de cien años determinar esas distancias y encontrar mediciones precisas es muy difícil, pero conociendo la distancia entre la Vía Láctea y la Gran Nube de Magallanes es posible determinar la Constante de Hubble, es decir, la velocidad en que se expande el universo, con una precisión inédita —dice Wolfgang Giener, y luego agrega—: Ya estamos cerca del sueño de comprender mejor el universo.

 

Texto: Carolina Sánchez

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