Leftraru, el computador más poderoso del país, será utilizado por el Ministerio de Obras Públicas para hacer grandes cálculos en sus proyectos, que podrán incluir variables como los cambios en la temperatura y las lluvias, o los movimientos masivos de personas.

 

El escenario podría ser el siguiente: alguien quiere construir un puente sobre un río del sur, lo suficientemente preparado para soportar la furia de las tormentas. O una carretera que atraviese el norte, bajo un sol que amenaza con derretir hasta las piedras. Puede parecer sencillo, pero no lo es: para lograrlo, y que se mantenga en el tiempo, se necesita una gran capacidad de cómputo, que permita analizar todas las variables y construir al detalle. Cuántos vehículos transitarán, cuánto tonelaje tendrá que soportar, cuánto subirá el caudal del río en los meses de invierno, qué temperaturas tendrá que resistir en el desierto. Datos que, mal calculados, podrían poner en riesgo a quienes pasen por ahí.

Para tener una respuesta confiable, es necesario hacer sofisticadas simulaciones numéricas, con un nivel de datos que a un escuadrón de matemáticos podría tomarle meses o incluso años, llegar a una solución. Lo mismo si se quieren construir túneles, muelles u otras grandes obras de ingeniería: la predicción sobre el comportamiento de los usuarios y la resistencia de los materiales debe ser lo más cercano a la realidad. Ahí, entonces, es donde entra en escena el poderoso Leftraru.

 

“El computador sirve para tomar decisiones con mayor información. Esto es de especial importancia en las obras públicas, donde no hay espacio para planificaciones insuficientes, porque si no consideras todas las variables el resultado puede ser grave”, dice Jaime San Martín, del Laboratorio Nacional de Computación de Alto Rendimiento.

 

Equivalente a 30 mil computadores de escritorio, dueño de seis mil procesadores, y con una memoria en la que se podría guardar música como para escuchar durante tres siglos de corrido, el supercomputador Leftraru —que fue financiado en parte por CONICYT y bautizado en 2015 en honor al cacique Lautaro, con su nombre en mapudungún— está ubicado en el Centro de Modelamiento Matemático (CMM) de la Universidad de Chile, es el cerebro más poderoso que jamás ha tenido nuestro país, y da servicios de cómputo a buena parte de los centros de investigación nacionales.

Leftraru es uno de los supercomputadores con mayor capacidad de cálculo de Latinoamérica.

Entre sus múltiples tareas, que van desde procesar toda la información del cielo recibida por las antenas de ALMA, hasta echar a correr algoritmos para mejorar la distribución de los colegios en Chile o la frecuencia del metro —por nombrar tres—, está también poner su inteligencia al servicio del Ministerio de Obras Públicas, para la construcción de obras que resistan nuestra agitada geografía, con todos sus eventos sísmicos y climáticos.

Por eso, el mes pasado, un grupo de 24 profesionales del MOP se reunieron en el CMM para recibir, de parte de los académicos que mejor conocen el cerebro de Leftraru, el Segundo Taller de Modelamiento Matemático CMM-MOP. La iniciativa, que es parte de un convenio entre la Universidad de Chile y esa cartera, pretende que los cargos técnicos de éste tengan los conocimientos para poder aprovechar el supercomputador para sus proyectos, y que los investigadores del CMM —expertos en grandes procesamientos de datos, aprendizaje de máquinas e inteligencia artificial—, puedan aportar su experiencia a esa planificación.

—Desde el principio, la intención fue incorporar al Estado, para que pudiera aprovechar esta herramienta —explica el ingeniero Jaime San Martín, director científico del Laboratorio NLHPC, el área del CMM donde está Leftraru—. Hoy, los profesionales del MOP pueden usar el supercomputador cuando lo necesiten.

 

Equivalente a 30 mil computadores de escritorio, dueño de seis mil procesadores y con una memoria en la que se podría guardar música como para escuchar durante tres siglos de corrido, el supercomputador fue bautizado con el nombre en mapudungún de Lautaro.

 

Pero tampoco es tan fácil entender a Leftraru: hay que saber exactamente cómo hacerlo pensar, para que el resultado pueda impactar en la realidad. Por eso, los académicos del CMM entregan formación, en cuatro instancias anuales —entre reuniones y talleres—, a funcionarios del MOP u otros ministerios en donde el procesamiento de grandes cantidades de datos pueda ser útil. Según explica San Martín, las marejadas en la costa, los cambios en la temperatura por el calentamiento global, el efecto de las lluvias y los vientos, los movimientos masivos de personas y la contaminación, son algunas entre las muchas variables con las que Leftraru puede hacer grandes predicciones para obras públicas.

—El computador sirve para tomar decisiones con mayor información —dice el ingeniero—. Según los resultados de las predicciones, el diseño de una obra tiene que adaptarse y la inversión ser la adecuada. Esto es de especial importancia en las obras públicas, donde no hay espacio para planificaciones insuficientes, porque si no consideras todas las variables el resultado puede ser grave.

EL MOP ha sido pionero en el uso de Leftraru y durante 2019 se sumarán el Ministerio de Bienes Nacionales y el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), que usará el computador para modelar el avance y consecuencias de plagas, asegura el científico. En estos momentos, el CMM está poniendo en marcha la instalación de un nuevo equipo, que tendrá cuatro veces la capacidad de cómputo de Leftraru, con una inversión cercana al millón de dólares. Este nuevo supercomputador también tendrá nombre mapuche: se llamará Guacolda, como la histórica compañera de Lautaro.

 

Texto: Natalia Correa

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