Un equipo liderado por el astrónomo Javier Alonso-García realizó un catálogo de mil millones de astros en la Vía Láctea, el censo estelar más grande hasta hoy del centro de nuestra galaxia.

 

Todos los átomos que componen el cuerpo humano —excepto los de hidrógeno— fueron fabricados al interior de una estrella. Por eso, los astrónomos suelen decir que no somos nada más, ni nada menos, que polvo de estrellas. La Vía Láctea, nuestro hogar, contiene cientos de miles de millones de ellas, que los telescopios escudriñan para entender la historia del universo. El firmamento es un mapa que guía a los científicos y les permite entender cómo se formaron las galaxias, cómo han cambiado y cómo seguirán transformándose a través del tiempo.

El astrónomo español Javier Alonso-García, académico de la Universidad de Antofagasta e investigador del Instituto Milenio de Astrofísica, es un contador de estrellas. Desde 2010 realiza censos detallados de estos astros, específicamente de los ubicados en el bulbo de nuestra galaxia, su zona central, que contiene la mayor densidad y que en 2009 comenzó a ser estudiada en detalle gracias a la construcción de VISTA, el telescopio infrarrojo más grande del mundo, ubicado en el Observatorio Europeo Austral del Cerro Paranal, en la Región de Antofagasta.

El astrónomo Javier Alonso-García, investigador del Instituto Milenio de Astrofísica.

A fines del año pasado, sin embargo, consiguieron su mayor logro: Alonso-García y sus colaboradores publicaron en la revista Astronomy & Astrophysics la caracterización de cerca de mil millones de estrellas, el registro más completo y ambicioso hecho por el ser humano al corazón de nuestra galaxia. La investigación fue parte del proyecto Vista Variables in the Via Lactea —también conocido como VVV Survey—, la colaboración astronómica más grande que se haya realizado desde Chile, donde participaron más de cien astrónomos nacionales y de todo el mundo, incluyendo a las universidades de Cambridge, Edimburgo y Munich, entre otras.

—El bulbo de la Vía Láctea había resultado muy difícil de estudiar porque no nos servían los telescopios ópticos, ya que la cantidad de gas y polvo nos tapaban la luz que viene de las estrellas de esa región —explica el astrónomo—. Es una especie de niebla que hacía esa zona prácticamente invisible.

La luz infrarroja de los astros, en cambio, logra atravesar la densa nube cósmica sin tanta atenuación. Con la capacidad de observación del Telescopio VISTA, Alonso-García y sus colaboradores analizaron durante cinco años el color, el brillo y la distribución de las estrellas, usando la técnica de fotometría PSF, que hace posible el estudio de cuerpos celestes que están muy cerca unos de otros. Para eso, procesaron cerca de 300 mil imágenes del bulbo en Geryon, un supercomputador ubicado en el Instituto de Astrofísica UC, creado para analizar grandes cantidades de información y datos astronómicos.

 

“Con toda esta información, podemos entender mejor cómo es el bulbo de nuestra galaxia. Si entendemos la distribución exacta de las estrellas en ella, podremos entender mejor cómo es en el resto de las galaxias espirales del universo”, dice el astrónomo Javier Alonso-García.

 

Imagen infrarroja del bulbo de la Vía Láctea.

Además de la elaboración del catálogo de estrellas, el equipo logró otros avances relevantes: por ejemplo, medir la masa estelar del bulbo de la Vía Láctea —unas 20 mil millones de veces la masa del Sol—, y analizar con precisión su estructura en forma de X. También lograron una mayor comprensión de cómo actúan las leyes de extinción de luz en el centro de la galaxia, que determinan cuánto se atenúa la luz estelar que llega hasta nuestro planeta.

—Con toda esta información, a la que podrán acceder científicos de todo el mundo, podemos entender mejor cómo es el bulbo. Si entendemos la distribución exacta de las estrellas en nuestra galaxia, podremos entender mejor cómo es en el resto de las galaxias espirales del universo —dice el astrónomo.

La segunda parte del proyecto ya está siendo ejecutada. El proyecto VVV Survey consiguió que les concedieran más tiempo en el Telescopio VISTA para seguir catalogando el cielo, pero esta vez lo harán con los sectores externos del bulbo y parte del disco de la galaxia, un proceso que terminaría en 2021. La meta final es construir, junto a otros astrónomos en todo el mundo, una hoja de ruta en tres dimensiones de la Vía Láctea. Así, podríamos descubrir si en algún lugar de ésta, existe otro sistema planetario como el nuestro. Una aguja en un pajar.

 

Texto: Natalia Correa

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