Bacterias P. salmonis (en rojo) infectando macrófagos de salmón. (Foto: Javiera Ortiz).

El microbiólogo Francisco Chávez, creador de la “Iglesia Microbiana”, lleva adelante una cruzada para evangelizar sobre la importancia de las bacterias en nuestra vida, y por qué nuestro planeta depende de ellas.

Dos años atrás, un poco indignado, el microbiólogo Francisco Chávez decidió hacer algo bastante insólito para un científico: fundar una religión. La bautizó como la “Iglesia Microbiana”, y comenzó a difundir su palabra en sus distintos cursos en la Universidad de Chile, tanto de Microbiología, como de Biotecnología y Pedagogía. En clases, entre las risas de sus alumnos, se autodenominó el “Sumo Pontífice”. Y proclamó, con seriedad impostada, que “Dios es microbiano”.

Pero más allá de bromas, el investigador cubano, de 46 años, tenía un propósito claro: comenzar una cruzada para luchar contra la idea errónea que percibía en muchos alumnos —ingenieros, pedagogos y biólogos—, de que los microorganismos son sólo gérmenes que nos causan daño.

—Para que nuestro planeta tenga buena salud, es esencial que los microorganismos puedan realizar sus funciones —dice Chávez, doctor en Microbiología de la Universidad de Chile—. La fotosíntesis del planeta, la salinidad de los océanos, la composición de la atmósfera, los ciclos de todos los elementos esenciales de la naturaleza: que todo eso funcione adecuadamente depende de los ellos. Por eso, si alteramos la microbiota normal que hay en el planeta, nos vamos a afectar a nosotros mismos.

El investigador Francisco Chávez. (Gentileza: Heureka).

Todas las grandes extinciones de especies del pasado —cuenta Chávez, mientras abre la puerta de su laboratorio, ubicado en el campus Juan Gómez Millas— han tenido una causa microbiana, relacionada con condiciones climáticas alteradas. Por eso, deberíamos tener cuidado con contaminar tanto el océano y la atmósfera, afectando a los microorganismos que lo mantienen estable. De ahí la idea de fundar una “religión bacteriana”, que el “Sumo Pontífice” Chávez proclama en charlas y en su Twitter @bioblogia. Las premisas centrales son tres: las bacterias son las responsables de que exista la vida en el planeta; están en todas partes al mismo tiempo; y son capaces de influir en nuestra conducta y pensamientos.

Facultades que al microbiólogo, con algo de humor y ganas de formar nuevos “apóstoles”, le bastaron para declararlas como divinidad. Una que, al menos, es esencial para que los humanos podamos existir.

—En nuestro cuerpo tenemos billones de microorganismos, que cumplen distintas funciones —dice Chávez—. Estamos intentando descifrar por qué son tan importantes. En una etapa del desarrollo, si afectas la microbiota de un embrión, puede tener consecuencias metabólicas y en su comportamiento a largo plazo. Hay investigadores que creen que esto podría tener influencia en el desarrollo del autismo y otras enfermedades del sistema nervioso central. Son cosas de las que recién nos estamos dando cuenta.

Su laboratorio, que pertenece a la Facultad de Ciencias, es un espacio pequeño y atiborrado: entre refrigeradores, microscopios, incubadoras llenas de bacterias y máquinas selladas a presión para poder estudiarlas —sin correr riesgos de infección—, un equipo de estudiantes hace experimentos en bacterias de los géneros Klebsiella, responsables de la neumonía, y Salmonella. Lo que buscan es una forma de desactivar su virulencia —es decir, que ya no puedan causarnos daño—, sin matarlas. Una estrategia alternativa a los antibióticos tradicionales, que se enfocan en matar al patógeno, pero destruyen millones de otras bacterias en nuestro cuerpo.

 

“Los microorganismos crearon la vida en la Tierra. Y si Dios está en todas partes, ellos también lo están: se estima que hay 1031 en el planeta. ¿Sabes cuántas estrellas hay en el universo? 1021. Sólo en este planeta hay más microorganismos que estrellas en todo el universo”.

 

Sin embargo, lo que más fascina a Chávez no es la forma en que algunas bacterias nos pueden dañar, sino todo lo que hicieron, desde que la primera de ellas nació en un océano primitivo, para que este planeta fuera habitable. Y también cómo influyen en lo que somos hoy, desde nuestra gestación. Para eso, las “tiñe” con colores fluoerescentes, y las estudia en modelos de peces cebra, que por ser casi transparentes permiten ver las interacciones en tiempo real.

—Bueno, este es mi “altar”… —dice Chávez, con una sonrisa, en su laboratorio—. Soy el fundador de la iglesia, y la primera bacteria que existió, LUCA (Last Universal Common Ancestor), es nuestro Adán. Hoy podemos descifrar sus características, su fisiología y su hábitat, analizando todos los genomas actuales. Estos microbios, que metabolizaban azufre y hierro, formaron la vida en los océanos, y luego las cianobacterias se encargaron de cambiar la atmósfera inerte, haciendo fotosíntesis durante miles de millones de años.

—¿Por qué Dios sería microbiano?

Porque los microorganismos crearon la vida en la Tierra. Y si Dios está en todas partes, ellos también lo están: se estima que hay 1031 en el planeta. ¿Sabes cuántas estrellas hay en el universo? 1021. Sólo en este planeta hay más microorganismos que estrellas en todo el universo. Y también influyen en nuestros pensamientos, como se supone que podría hacerlo Dios: la microbiota influencia el desarrollo del sistema nervioso central y la conducta, durante nuestra gestación. Las bacterias producen moléculas que modifican neurotransmisores y afectan a todo nuestro cuerpo.

Pintura realizada con bacterias pigmentadas, como parte de un taller para pedagogos de los microbiólogos Julieta Orlando y Francisco Chávez.

—¿Qué significamos nosotros para ellas?

—A mí me gusta pensar que somos una especie de robot para los microorganismos, y al momento de morir volvemos a ser su alimento. No podemos vivir sin ellos: por ejemplo, controlan nuestro apetito, y nos ayudan a degradar la fibra que comemos, algo que ningún gen humano es capaz de hacer. Y cumplen muchos otros roles, que recién estamos conociendo: el 70% de los insectos no tienen un cromosoma sexual; el sexo lo define una bacteria llamada Wolbachia, que se aloja en las gónadas. Por eso tenemos que cambiar la idea de que los microorganismos sólo producen enfermedades. También son esenciales en la salud de toda la vida en la Tierra.

—¿En qué momento entendiste eso?

—Cuando se publicó el microbioma humano, en 2010, y supimos que tenemos 48 billones de bacterias adentro, más que células humanas. Por eso, los microorganismos son esenciales para que siga existiendo la vida. Si los afectamos, nos dañamos, como está pasando hoy con la marea roja en los océanos. Nosotros mismos estamos siendo afectados de nuevo por infecciones microbianas, por el abuso que hemos hecho del uso de antibióticos, sobre todo en la industria alimenticia. Hoy las bacterias evolucionaron para resistirlos, y eso va a ser un problema en varios años más.

—Si encontramos vida en otros planetas, ¿serán microbios?

—Si descubrimos vida afuera, serán microorganismos, claramente. Por ese motivo, para buscar vida en otros planetas analizamos su atmósfera: si encontramos compuestos oxidantes, que puedan estar generando las condiciones para que se desarrolle la vida, es porque hay bacterias que están modificando la atmósfera. Como pasó aquí.

—¿Qué revelaciones busca hoy la “Iglesia Microbiana”?

—Queremos seguir expandiendo el evangelio de la importancia de los microorganismos y de evitar la sobreutilización de antibióticos, que están afectando la salud del planeta. En cuando a los experimentos, estamos estudiando las bacterias comensales, las que tenemos adentro, que son esenciales. Hemos descubierto que en los huevos de peces hay una gran cantidad, y estamos tratando de aislarlas para entender sus funciones. ¿Si las quitamos, se desarrollaría el sistema nervioso central? Se ha comprobado que existen algunas que hacen que los ratones le pierdan el miedo a los gatos, y los ataquen. Son capaces de modificar su comportamiento a ese nivel. ¿Pueden hacer eso con nosotros? Esas son las preguntas que me interesan.

 

Texto: Nicolás Alonso

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