Estudiantes de la Escuela de Chitita extraen aceite de plantas medicinales

Participaron en la VI Feria Infantil del Proyecto Explora de CONICYT

 

En la VI versión de la Feria Infantil de Ciencia y Tecnología de Explora, el profesor Fernando Fernández de la Escuela de Chitita indica que “este año ha sido fantástico, me siento feliz porque participó mucha gente, esto a uno lo incentiva porque mis estudiantes están trasmitiendo sus conocimientos y su identidad, porque ellos se sienten conectados a la pachamama”.

Dicen que en la laguna de Jasjara canta una sirena algunas noches. El lugar es mágico y se encuentra en una hondonada geográfica de la comuna de Camarones, donde la Escuela de Chitita con sus siete estudiantes de ocho a diez años produce aceite, oleato y cremas, usando las hojas de hierbas medicinales del pueblo distante a 135 kilómetros de Arica.

Para llegar a esta comunidad de 30 familias, dedicadas a la agricultura, primero es necesario transitar un tramo asfaltado hasta la localidad de Guañacagua y, luego, exactamente tres kilómetros de tierra. En el día se ve poca gente pues no deben fallar en el riego de sus árboles que producen limones, naranjas, membrillos y guayabas, tampoco en la cosecha de tunas y granadas, resultados de un microclima que ofrece mucho calor en el día y baja temperatura en la noche.

Con una raíz aymara, los estudiantes tienen familias y ancestros que luchan por la revitalización de sus costumbres y tradiciones ancestrales, es por ello que están familiarizados con el sincretismo religioso practicado en su pintoresca iglesia, e informados de la presencia cultural de los gentilares y pukaras existentes.

EDUCACIÓN INTERCULTURAL

Es el enriquecido ambiente en que viven los estudiantes de la única escuela del lugar, a cargo del que es director, profesor multigrado, Unidad Técnica Pedagógica, auxiliar y gásfiter, según su propia descripción, Fernando Fernández. Aquí es donde se originó el proyecto “Morfología y clasificación de hojas de hierbas medicinales el pueblo de Chitita”, presentado en la VI Feria Infantil de Ciencia y Tecnología del Proyecto Asociativo Regional Explora de CONICYT, de la Universidad de Tarapacá.

Los siete estudiantes son trilingües, cantan en español, aymara e inglés, usando los atuendos e instrumentos con una definida línea andina. Asisten a clases y comparten con sus familias las tareas productivas los fines de semana, y en las fiestas tradicionales que año a año se llenan de ritualismo y colorido.

La vida de este profesor multigrado, que trabaja en una comuna rural y asiste a siete estudiantes de ocho a diez años, de primero a sexto año básico, se inicia cada domingo cuando se traslada de Arica a Chitita hasta el viernes en la tarde. El profesor Fernández se siente feliz con sus años de experiencia en los distintos pisos ecológicos de la Región de Arica y Parinacota. Lo energiza su motivación por la naturaleza, y conservar y fortalecer la cultura para permitir que los niños tengan una relación más estrecha con los habitantes de su comunidad y se sientan orgullosos de ella. Esto es clave para él, siente que es lo que permite fortalecer en los niños su identidad y provocar una personalidad que les permita desarrollar la exploración, investigación e indagación, y que cultiven el conocimiento y esto permita hacer mejores investigadores de su entorno.

Para que todo sea más congruente con los objetivos trazados, los siete estudiantes son apoyados por la educadora tradicional, Doris Mollo, con cuatro intensas horas de educación intercultural bilingüe, sobre lengua aymara y cosmovisión andina, donde los estudiantes puedan relacionar lo científico con lo cultural.

FERIA INFANTIL

Hace dos años que el profesor Fernando trabaja con sus estudiantes en la extracción de aceites de hierbas medicinales; y preparando cremas y pomadas de uso ancestral, que usaban los abuelos en la comuna de Camarones.

El aceite lo elaboran en un alambique, instrumento que adquirieron para estos fines, cuya primera etapa implica la recolección de plantas medicinales. A la fecha sus resultados son aromáticos aceites de eucaliptus y romero, oliato y cremas. El oliato es el aceite de oliva con romero, que se deja a oscuras por 40 días para que se mezcle y saborice mejor y luego ser usado en la preparación de carnes, vegetales salteados u otro alimento en el que se quiera innovar. El aceite de eucaliptus es usado para hacer frotaciones y usado como expectorante, pero también queda excelente como perfume en las muñecas de las manos o en el cuello, por su potente concentración de aroma. En proceso está el aceite de los frutos del molle, que también tiene un exótico aroma.

Para preparar las cremas, usan una base de Aloe vera, que después de cortarlas y dejar remojando durante un día, las licúan con aceite emulsionado, generando un producto con duración de hasta seis meses. Están en proceso de generar crema de eucaliptus, palque, orégano, menta, hierba buena y hierba luisa.

El zumo para pomadas de frotaciones, se realiza con la hierba, que se seca y muele en un batán, hasta convertirla en polvo, luego le agregan vaselina líquida y sólida y unas gotas del aceite de la misma hierba.

El profesor Fernández plantea que el objetivo es que los insumos sean de la zona rural, especialmente las hierbas. Aprendieron para qué servían, por eso están rescatando la hierba llamada sorona, especie endémica del norte, que sirve para “el aire y dolor de estómago”, la usan para hacer las pomadas para “calentar el estómago”.

La recopilación de las costumbres ancestrales la realizaron con la comunidad y varias familias como los Mamani, Flores y Linares, donde hay abuelos de más de ocho décadas, que están entregando su sabiduría; junto con ello son apoyados por un yatiri de la localidad.

Falta la última etapa, el envío de muestras a los laboratorios de la Universidad de Tarapacá, para el análisis de las propiedades que tienen los productos y ahí compartir las pomadas, cremas y aceites con sus características físico-químicas exactas.

Mientras, las rutas por la naturaleza sagrada de la madre tierra del valle de Chitita, son recorridas por el profesor Fernando, junto a los siete estudiantes conectados a sus ancestros en el segundo piso ecológico de una región con historia, cultura y ciencia.