Victoria Castro: “Somos lo suficientemente buenas para ser nosotras mismas”

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La destacada investigadora chilena es la primera mujer en obtener el Premio a la Excelencia en Arqueología de América Latina y el Caribe, un reconocimiento a una carrera de más de tres décadas, en que se ha destacado por su aporte a la docencia, la investigación y la extensión universitaria.

Filósofa de formación, Victoria Castro Rojas, ha sido precursora en vincular la arqueología con la antropología, la etnobiología y la lingüística, para estudiar los procesos culturales, adentrándose así en el corazón de su investigación: el sistema de vida de las comunidades del Norte Grande de Chile. De este modo se ha convertido en un referente en el estudio del pasado y presente indígena del Cono Sur de América.

Este enfoque interdisciplinario, unatrayectoria de más de tres décadas, más su aporte a la docencia y a la investigación, la hicieron merecedora del galardónde la Sociedad de Arqueología Americana (SAA). El premio lo recibirá el próximo 13 de abril, en una ceremonia que se realizará en Washington, Estados Unidos. Hará historia, además, por ser la primera mujer en obtenerlo.

“Recibo esta distinción con mucho pudor porque considero que este premio no es solo para mí: es un homenaje a las mujeres trabajadoras y empeñosas que se dedican con mucho amor a lo que hacen y que, además, son capaces de construir una familia exitosamente. Estoy agradecida de las personas que me nominaron. Se lo dedicaré a mi familia, a mi equipo de trabajo y a mis colegas. Porque uno es en los otros, no estamos solos”, dice la académica de las universidades de Chile y Alberto Hurtado, instituciones desde donde busca dejar un legado en las nuevas generaciones. 

En su trabajo usted ha sido una de las pioneras en entrelazar la arqueología, la etnobotánica y la antropología cultural ¿cómo llegó a esa unión? 

Una primero es arqueóloga y después debe orientar su investigación, pero todos necesitamos del eje tiempo-espacio y de técnicas para abordar esa materialidad. Creo que a pesar de que estas disciplinas tienen metodologías distintas, cada una contiene un retazo de la otra e integran concepciones sobre el mundo, porque el ser humano se comprende en conjunto con su entorno. Por ejemplo, la etnobiología ha demostrado el profundo valor de los saberes de las culturas indígenas en relación a los hábitos de las plantas silvestres nativas, cuyos fines varían en medicinales o alimenticios. 

Asimismo, cuando hice etnoarqueología, en realidad estaba haciendo arqueología, pero vivía con la gente de las comunidades que habitaban el sitio de la excavación. Así que de forma muy natural, junto con mi equipo fuimos tomando conciencia de cuánto ellos nos enseñaban al conversar con nosotros para entender lo que estábamos excavando. De esta manera, el registro arqueológico nos permitió, paulatinamente, construir la etnoarqueología (cuando en esa época no se nombraba así) de este grupo humano.  

¿Con qué obstáculos se encontró al trabajar de esa forma tan novedosa?

Cuando hice esos estudios (entre 1980 y 2000) no existía una relación cordial entre los científicos y los pueblos originarios como ahora, eso lo fuimos cambiando poco a poco. Sin embargo, no tuve dificultades para acceder al conocimiento indígena porque fue una relación muy igualitaria y de buena fe. Lo que se hace en la actualidad es seguir una nueva tendencia, donde los integrantes de estas comunidades son tus coautores, que es lo correcto.  

Victoria Castro ha mantenido una larga trayectoria apoyada por CONICYT, especialmente a través del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico, Fondecyt, que se ha traducido en la realización de ocho proyectos como investigadora principal y siete como coinvestigadora. Además, ha sido activa integrante de los Grupos de Estudios del Programa. 

 

¿Cómo ha aportado el financiamiento recibido a través de CONICYT a su quehacer? 

Sin ellos no podría haber desarrollado mis proyectos arqueológicos orientados antropológicamente a través de esta estrategia de investigación, no sé ni siquiera si hubiese podido ir al Norte Grande. Hoy es muy fácil pagarse un pasaje en avión, pero en los 80’s había que viajar en bus y los fondos que nos entregaba la universidad eran exiguos. Estos recursos me han ayudado en demasía a desarrollar mi trabajo. 

Futuras generaciones de científicas

¿Cómo ve la trascendencia de la ciencia que están haciendo las arqueólogas para el Chile de hoy? 

Tanto hombres como mujeres tenemos muchas capacidades, pero nosotras somos líderes, fuertes y valientes a la hora de proponer y escribir cosas nuevas. Las arqueólogas chilenas son excelentes, no lo digo porque soy una de ellas, sino que lo veo en todas las generaciones, desde las colegas coetáneas hasta las más jóvenes, que tienen mucha disciplina formándose. Yo, que hago una arqueología más interpretativa, percibo que tenemos la capacidad de estar en varios frentes, de tener posturas científicas o humanistas dentro de esta misma disciplina, pero siempre todas muy honestas con su esencia. Las féminas la llevan.

¿Qué le diría a las estudiantes que están educándose en esta disciplina?

Que tengan dedicación, amor y pasión por lo que hacen, porque evidentemente nos cansamos mucho pues tenemos que ser buenas mamás también y eso es algo que no se transa. Al final te das cuentas que la tranquilidad viene después, pero hay que ser perseverantes y valientes. Esto nos diferencia de los hombres: tenemos otras capacidades, somos distintas, pero no por eso nos tienen que pagar menos o ningunear. 

¿Qué consejo le entregaría a las niñas que están interesadas en la ciencia? 

Tienen que tener mucha perseverancia, autoestima y seguir en la batalla hacia adelante con los ojos muy abiertos, defendiendo sus derechos, pero guardando esa riqueza que hace al ser humano: el ser diferentes unos de los otros. Cuando una mujer se da cuenta que no tiene por qué ser igual a sus pares hombres, puede hacer investigaciones y trabajos maravillosos. Somos lo suficientemente buenas para ser nosotras mismas. 

¿Usted tuvo que ser así de perseverante?

Sí, yo me quedé huérfana muy chica. Después mi hermana mayor, que fue como una especie de mamá para mí, debió irse exiliada a Inglaterra, donde la acogieron y allá se quedó mi familia nuclear. Mi corazón llora todos los días por ella porque está lejos, pero hay que ser fuerte no más.