Diana Maffía, doctora en filosofía: “La responsabilidad de disminuir la brecha de género, no es de la mujer, es de la comunidad y el Estado”

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  • La fundadora de la Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología, estuvo de visita en nuestro país, donde, en el marco del Congreso Futuro, realizó una exposición sobre feminismo y disidencias sexuales, y moderó el conversatorio “El género en la ciencia”.

maffiaDiana Maffía, investigadora argentina del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la Universidad de Buenos Aires, es ex diputada y una activa feminista. Escribió el libro “Búsquedas de sentido para una nueva política” y, desde 2012, dirige el Observatorio de Género en la Justicia, organismo dependiente de la Magistratura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Maffía se ha referido, a través de distintas plataformas, a la importancia de considerar las diferencias entre hombres y mujeres para lograr una sociedad con políticas sociales y laborales más justas.

¿Qué le diría a las niñas y niños que están interesados en la ciencia?

Que sigan sus pasiones, que sientan que tienen autoridad para seguir aquello que les da alegría y les despierta un interés profundo. Esos son los caminos que nos resultan iluminadores, no los que estamos obligados a hacer, sino aquello que nos provocan pasión. Y para seguirlos hay que tener una enorme fidelidad a esas sensaciones interiores. 

¿Cómo encontró usted su camino en la investigación científica?

Siempre me interesó la ciencia, así que me orienté hacia la Teoría del Conocimiento, que es la disciplina que enseño en la universidad. Como además soy feminista, comencé a leer algunas cosas sobre epistemología en este ámbito, y dije: aquí hay una clave en el modo de construir los saberes, respecto al tipo de barreras que las mujeres tenemos que enfrentar. Estos no sólo son sociales, tienen que ver con las capacidades que se consideran útiles o no, en la construcción de la ciencia.

Las mujeres deben sortear numerosos obstáculos, ¿en cuáles enfoca su análisis?

Me preocupo especialmente de pensar, por ejemplo, que la ciencia debe ser literal, que hay que poner el rótulo exacto a cada cosa. Pero… ¿qué pasa con las metáforas? Las mujeres tenemos un habla más florida, literaria, narrativa y, por ello, muchas veces se nos descarta, pensando que carecemos de la neutralidad que requiere la labor científica. La ciencia está llena de metáforas y aunque se dice que el conocimiento tiene que ser neutral, está lleno de intereses y de emocionalidades. Nosotras podemos hacer ciencia interpretando esos aspectos y desplegando, además, todas aquellas capacidades que se dice que no tenemos, como racionalidad y objetividad.

¿Cómo ve esta carencia de mujeres haciendo ciencia?

La manera en que hoy se hace ciencia se basa en una concepción moderna, que supone una situación de dominio de la naturaleza por parte de la humanidad.  ¿Es ésta la manera correcta de abordar la práctica científica? Creo que hace falta una posición crítica en torno al modo en que se construye el conocimiento científico y los desarrollos tecnológicos. La explotación de la naturaleza no es la única opción, podemos pensar en otros vínculos.

A las mujeres se nos dice que somos emocionales, afectivas y que eso no sirve para hacer ciencia. Quizás no sirve para cierto modo de hacer ciencia y de imponer ciertos valores, que nos conducen a sociedades que no siempre son deseables. Yo aspiraría a una creciente incorporación femenina, pero incluso más que eso: a que muchas mujeres puedan producir cambios fundamentales en la forma de hacer ciencia.

Un nuevo paradigma en la ciencia, desde las mujeres

Una manera que sería más democrática, porque es también valorizar otros saberes y el modo en que los ponemos a prueba, pero sin descartarlos como saberes humanos valiosos.

 

Brecha de género en la ciencia

“La responsabilidad para disminuir la brecha de género, no es individual, ni de la mujer, es de la comunidad y del Estado. No me gusta pensarlo en términos individuales, de qué puedo hacer yo como mujer, porque la respuesta a eso es parecerme a un hombre para tener éxito, y esa no es mi aspiración”, afirma la investigadora.

¿Cómo avanzar en la inclusión del saber femenino en el quehacer científico?

Creo que tendríamos que pensar colectivamente en cómo registrar las diferencias que hay entre mujeres y hombres, por ejemplo, aquellas relacionadas con la maternidad, dado que ellos no portan bebés ni tienen la asignación social por la crianza. Creo que es fundamental considerarlo, si estamos pensando en hacer ciencia con políticas más equitativas.

El tiempo de las mujeres se ve sumamente afectado durante los periodos de maternidad, que coinciden con el momento en que están consolidando sus carreras.  Entonces deben decidir si privilegiar éstas y renunciar a ser madres, o bien hacer ambas cosas, pero con la sensación de que hay un déficit en su rendimiento dentro de sus disciplinas.

Quedan rezagadas.

Sí, porque los instrumentos de medición no contemplan que las mujeres parimos, lactamos, cuidamos y hacemos muchas cosas que los varones no hacen. Me parece que esa diferencia debe ser registrada, y que hay que valorar las cosas de otra manera.

Hay científicas en Estados Unidos que han evaluado que si uno revisa diez años de productividad, los hombres suman en línea recta y las mujeres producen en caídas y subidas, correspondientes a los tiempos de maternidad. Sin embargo, en el término de la década, no hemos producido menos (si es que no abandonamos en el camino). Ahora, si se nos evalúa cada dos años, se va a decir que una no tiene la misma calidad que un varón, lo que resulta en rezagos en la carrera y trae como consecuencia el ganar menos que los hombres. Todo esto va produciendo desigualdades; laborales, profesionales, económicas, de prestigio profesional, de productividad y, dentro de la propia evaluación científica, que tiene que ver con el modo en que se hace la medición, que es lineal y no considera altibajos, lo que representaría mejor la manera en que producimos las mujeres.

¿Qué consecuencias trae este problema?

Un daño no sólo para las mujeres, sino que para los países latinoamericanos, que necesitan duplicar su cantidad de científicos y están desperdiciando recursos humanos formados por prejuicios.