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Vie, Jul

¿Sembrar el mar?

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Desde hace algunas semanas, biólogos marinos de distintas universidades y centros de investigación del país, han manifestado su preocupación por un proyecto que pretende fertilizar con hierro las costas de Coquimbo con la finalidad de aumentar la producción de peces al estimular el crecimiento de fitoplancton y, a su vez, aumentar el secuestro de CO2 de los océanos.

La idea de sembrar el mar causó no sólo gran asombro en el académico UC, Dr. Peter von Dassow, sino contrariedad por los perjudiciales efectos que podría traer este experimento que quiere llevar a cabo la empresa Oceaneos Marine Research Foundation y que se publicó en el El Mercurio en abril pasado. El de mayor envergadura es la proliferación de Pseudo-nitzschia, microalga que produce la neurotoxina conocida como ácido domoico, que causa envenenamiento amnésico a los mariscos y provoca la marea roja. El aumento de esta microalga, que podría causar la muerte en humanos y animales, ha provocado severas crisis ambientales, como la que ocurrió en Chiloé en el año 2016, así como el florecimiento de fitoplancton entre California y Alaska. Tampoco está probado científicamente que la fertilización artificial sea efectiva en la secuestración de CO2. 

El biólogo molecular von Dassow explicó en su charla ‘Fertización de los oceános’ “que algunos de los riesgos asociados podrían ser los cambios no deseados en ecosistemas pelágicos, creación o expansión de la zona de mínimo oxígeno, acidificación de aguas superficiales, daños a ecosistemas vecinos por agotamiento de otros nutrientes, producción de gases de efecto invernadero más potentes que el CO2, como el óxido nitróxido y metano”.

Antecedentes

Un proyecto de similar envergadura se realizó en el año 2012 en Canadá. La empresa Haida Salmon Restoration Corporation, fundada por Russ George, vertió sin los respectivos permisos gubernamentales, 100 toneladas de sulfato de hierro en las cercanías de la isla Haida Gwaii. El objetivo: restaurar la producción de salmones. No obstante, estudios posteriores realizados por investigadores de la Universidad de Maine, revelaron que el crecimiento explosivo de algas se extendió cerca de 35 mil kilómetros y fue el más grande registrado en los últimos 10 años.

La red trófica de los océanos es compleja por lo que el principio de precaución debería primar antes de cualquier experimento a gran escala, concluyó von Dassow.