¿Se puede cultivar en el desierto?

El avance del desierto en Chile ejerce su efecto hasta la X Región (Valdivia), donde las precipitaciones han disminuido en 500 mm anuales durante el último cuarto de siglo. Las áreas desérticas se están extendiendo hacia las tierras agrícolas del Desiertosur a una tasa anual de 300 metros por año.

El de Chile no es un caso aislado. Más de la mitad de las tierras cultivables del globo están clasificadas como áridas o, al menos, sensibles a la sequía, mientras la cantidad de lluvia se reduce debido al efecto invernadero que trae consigo el aumento de temperaturas globales.

Para las comunidades agrícolas y de zonas áridas y semiáridas de Chile será cada vez mayor su dependencia de especies o variedades tolerantes a la sequía y a la salinidad de suelos y aguas. La introducción y desarrollo de nuevos cultivos que cumplan estas condiciones juega un rol fundamental para enfrentar el fenómeno, convivir productivamente con él y, en lo posible, reducir el avance del desierto.

Desde el punto de vista estrictamente productivo, la mayor conveniencia se sitúa en el cultivo de especies vegetales que ofrezcan perspectivas de exportación, reduzcan la necesidad de distribuir subsidios agrícolas y minimicen la erosión que ocasionan cultivos más tradicionales. Los nuevos cultivos a escala comercial deben cumplir, además, otras tres condiciones básicas: bajo requerimiento de agua, productos de alto valor comercial y no tener competencia desde zonas de producción más húmedas.

La investigación mundial en estudios de resistencia o tolerancia a la sequía se ha enfocado principalmente hacia los cereales y algunas leguminosas, por su gran importancia en la dieta humana. No debe olvidarse que unos y otras son grupos de especies que en su forma natural no se caracterizan por presentar resistencia a déficit hídricos, sino todo lo contrario (con excepción de algunas leguminosas leñosas). Desde el punto de vista de convivencia con el ecosistema, parece más lógico desarrollar especies que, además de ofrecer un producto atractivo en lo económico, presenten características naturales de resistencia o, al menos, tolerancia al estrés hídrico o salino.

Como es lógico, la introducción de nuevas variedades o ecotipos y el desarrollo de nuevos cultivos hace obligatorio evaluarlos en cuanto a sus características productivas, caracterizarlos según parámetros que nos permitan seleccionar aquellos mejor adaptados a las condiciones de escasez hídrica y salinidad, y buscar la forma de agregarles valor a los productos primarios.

Entre las especies vegetales que cumplen todas las condiciones mencionadas, hay cuatro que son conocidas en nuestro país pero no han sido cultivadas en forma comercial amplia: jojoba (Simmondsia chinensis), higuera (Ficus carica), granado (Punica ranatum) y alcaparra (Capparis spinosa). Ellas han sido elegidas para programas de investigación en su introducción, selección, propagación y evaluación de variedades en las regiones I, IV, V y Metropolitana, con distintas condiciones de suelos, disponibilidad de agua y salinidad, por un grupo de académicos de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad de Chile. Las tres especies presentan antecedentes de tolerancia natural a los déficit hídricos o salinos y cumplen todas las otras condiciones mencionadas, además de no competir por los suelos actualmente destinados a otras especies permanentes o anuales.

Las especies mencionadas no pueden considerarse como nuevos cultivos, ya que su aprovechamiento se remonta a miles de años, aunque en Chile no se han producido con fines comerciales. De hecho, solo hay un productor de granado, uno de jojoba y uno de alcaparra en todo el país, y para la higuera es posible contabilizar unas 22 hectáreas pertenecientes a cuatro productores. La higuera se encuentra con frecuencia como planta individual o en pequeñas agrupaciones desde las regiones I a VIII. El granado se encuentra en esa misma zona, casi siempre como arbusto ornamental en patios y jardines. La alcaparra es casi desconocida y las plantaciones de jojoba existentes están abandonadas. La Facultad cuenta ya con clones seleccionados de jojoba, cuyo cultivo ofrece perspectivas económicas muy interesantes.

Claudia Botti: ingeniero agrónomo (Edición Explora).

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