Las formas en las matemáticas

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Del mismo modo en que los primeros geómetras se basaron en observaciones de la naturaleza para desarrollar una teoría, así también la matemática ha contribuido a la comprensión de los porqué de las formas de seres vivos y de entidades no animadas, desde los mamíferos hasta el paisaje. No es extraño: la palabra "matemática" deriva del griego mathema, que significa conocimiento, comprensión, percepción.

He aquí un hecho sorprendente: en el ordenamiento de las semillas del girasol y en el patrón de crecimiento de las hojas de una lechuga pueden subyacer los mismos principios matemáticos. Por ejemplo, la sucesión de Fibonacci. En el año 1202, el matemático italiano Leonardo Pisani, llamado Fibonacci, describió una sucesión numérica en la cual cada término es igual a la suma de los dos anteriores: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21... y así. Encontramos la sucesión de Fibonacci al analizar el espiral de crecimiento de una concha, el ordenamiento espiral de un cono de pino, el orden de crecimiento de las ramas de un árbol, la disposición de los pétalos de una flor... Los espirales organizados de acuerdo con la sucesión de Fibonacci han demostrado representar una excelente forma de llenar el espacio en sistemas en constante crecimiento.

También hay ecuaciones matemáticas que, expresadas en la realidad, dan origen a formas visuales comunes para nosotros, como las dunas de arena o el doblez de una plancha de acero. Cuando una placa de acero se encuentra sometida a una fuerza mayor a la que puede soportar, se dobla. Los físicos llaman a este fenómeno pandeo. Pero las placas no sufren un pandeo "desordenado"; al contrario, se puede observar la formación de una estructura regular compuesta por rombos.