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Vie, May

Formas: Creaciones de la naturaleza, construcciones de la humanidad

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Templo de la Sagrada Familia (Barcelona)

Durante siglos, los estilos arquitectónicos se han basado en leyes de armonía y proporción para definir sus construcciones. Sin embargo, la sabia observación de principios de orden natural ha dado vida a una arquitectura que busca y logra imitar la perfección de estructuras presentes en plantas, insectos, moluscos, piedras y elementos fibrosos como huesos, músculos y tendones.
Este nuevo método de creación humana ha generado obras que, además de contar con una singular belleza, demuestran grandes ventajas sobre otros sistemas de edificación. Su garantía es para toda la vida: resistencia, estabilidad, continuidad formal (sin quiebres) y estructural (trabajo mecánico homogéneo) probadas y acreditadas por la mismísima naturaleza.
Múltiples posibilidades plásticas e infinitas combinaciones han quedado abiertas, en gran medida gracias al arquitecto catalán Antonio Gaudí (1852-1926), pionero en utilizar una geometría de líneas rectas en un espacio conformado por superficies de doble curvatura. Su constructivo sistema se cimentaba en un sencillo análisis del entorno natural, donde encontraba estructuras funcionalmente perfectas y formas decorativas de gran hermosura que, en muchos casos, se fundamentaban en superficies torcidas posibles de encontrar con gran frecuencia en vegetales, animales y montañas.
Apoyado en la teoría de la geometría reglada, Gaudí produjo un inmenso aporte al definir cuatro superficies distintas, todas extraídas de la naturaleza y trasladadas al dominio arquitectónico humano:

1. Helicoide. Estructura que presenta, por ejemplo, una piña o el tronco del eucaliptus.
2. Hiperboloide. Forma que posee un fémur o el cuello humano.
3. Paraboloide hiperbólico. Similar a la disposición que adoptan los tendones entre los dedos de una mano, el pecho de una mujer o cualquier conformación de cerros.
4. Conoide. Como la tridacna, molusco parecido a la almeja.

Otro importante aporte de Antonio Gaudí a la arquitectura fue la implementación del arco parabólico o catenárico. Tomando e invirtiendo el modelo de las abejas, que se enfilan para construir los hexágonos del panal, consiguió dar soportes estructurales totalmente innovadores a sus edificios, que son reconocidos y admirados por el mundo entero.
En Barcelona (España) se encuentra la mayor parte de sus obras. Algunas de ellas son:
1. La Casa Batlló (1904-1907), conocida también como la Casa de los Huesos por las curvilíneas columnas de piedra en forma de fémur que sostienen sus ventanas exteriores. Posee balcones que parecen máscaras, pilares inferiores similares a los pies de un elefante y una azotea de cerámica vidriada que recuerda la cola de un dragón mitológico. En el interior, los sinuosos techos del comedor representan un remolino terminado en una lámpara que da la sensación de estarlo viendo desde debajo del agua.
2. Casa Milá (1906-1910), comparada con una inmensa formación geológica o con el suave oleaje del mar Mediterráneo, por su fachada de líneas ondulantes y la carencia de líneas rectas en su composición general.
3. El Templo de la Sagrada Familia (aún no terminado), cuya nave central se sostiene sobre estructuras arborescentes, inspiradas en un parangón entre puntales y árboles, y capiteles y hojas. Sus columnas adoptan apariencia hiperboloide.
En sus obras, Gaudí logró formas equilibradas muy semejantes a las exhibidas por el medio natural y sus diversos componentes. El método de replicarlas en edificios erigidos por el hombre se conoce como naturalismo. Esta tendencia está presente en casi todas las construcciones del arquitecto catalán, en hechuras que imitan la conformación de células, flores, capullos, pasto, ramificaciones vegetales, laderas montañosas y hasta cuevas. "Me inspiro en la naturaleza, el gran libro que siempre hay que leer", dijo el destacado creador.