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Mié, Ago

Ángela Posada Swafford, periodista científica colombiana de visita en Punta Arenas: “Ustedes tienen (con la Antártica) la llave para abrir el secreto para el cambio climático mundial”

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“Los niños son curiosos por naturaleza y por eso yo me identifico con ellos, porque soy igualita, pregunto el porqué de todas las cosas”. Esa es la clave del éxito de la periodista colombiana Ángela Posada Swafford, una de las comunicadoras científicas más importantes de los últimos tiempos, quién gentilmente se tomó unos minutos para contarnos sobre su vida, su trabajo y próximos proyectos.

Ángela relata que estudió periodismo porque quería convertirse en bióloga marina. Sin embargo, a sus padres no les agradaba la idea de que eligiera una carrera que en su país natal tuviera poco campo laboral. Es por ello que tomó la decisión de estudiar Lenguas Modernas e Idiomas en la Universidad de Los Andes de Bogotá para convertirse en profesora de inglés.

Sus inicios en el periodismo

Una sincera conversación con su hermana mayor le cambió la vida: “¿Por qué no estudias periodismo y escribes sobre biología marina? Yo a usted la veo como una periodista, escribiendo y entrevistando gente, y a mí, la verdad no se me había ocurrido. Es que usted habla hasta por los codos, le queda muy bien hablar con la gente”, recuerda con agrado. 

Fue así como llegó a estudiar una maestría (máster) de Periodismo en la Universidad de Kansas, y posteriormente entró a trabajar en el periódico El Tiempo de Colombia y luego se desempeñó por nueve años como editora de la sección de Cocina y crítica gastronómica en el Miami Herald en su versión en español.

Aburrida de la rutina, postuló y quedó seleccionada en la beca Knight Science Journalism Fellowship otorgada por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), oportunidad que le abrió las puertas para conocer la NASA. “Esta beca me abrió las puertas, y me enamoré de la NASA, no sabía cómo llegar a la agencia espacial, para mí eran como unos gurús allá, y un profesor del MIT me dijo: “La invito a que sea nuestra periodista a bordo de los vuelos de gravedad cero”. Yo lo miré, y le respondí: “perdón, ¿es en serio?”, y me citó para el día siguiente en el Laboratorio de Astronáutica”.

Prosigue su relato: “Me presenté antes de que amaneciera, estaba muy nerviosa, porque mi profesor había ayudado a diseñar el motor del Transbordador Espacial y había trabajado en los satélites espías, pero ahora lo que hacía con MIT es que impulsaba a los estudiantes a trabajar en sistemas que se iban a utilizar en la estación espacial. MIT tiene una relación estrecha con la NASA, y tenían que poner a prueba todos los estudios en gravedad cero, y para hacerlo teníamos que hacerlo en un cometa llamado “vomit comet”, Me dijo “todos los años tenemos que llevar a un periodista y usted es la persona indicada”, entonces efectivamente me tocó participar y esa experiencia se la vendí a muchos periódicos, y allí conocí a todos los pilotos de esos aviones, astronautas que vuelan en las misiones Ice Bridge. Entonces eso fue genial con la NASA y eso me abrió las puertas, y desde entonces empecé a cubrir todos los lanzamientos de cohetes”.

El resto es historia conocida, hoy por hoy lleva más de treinta años escribiendo sobre temas científicos para audiencias no especializadas, principalmente sobre biología, oceanografía, genética, botánica, paleología, geología, arqueología, medio ambiente, ecología, biodiversidad, tecnología, industria especial, astrofísica, entre tantas otras temáticas relacionadas con la Ciencia.

Sus artículos, en tanto, han sido publicados en diversos medios internacionales como National Geographic, Astronomy Magazine, New Scientist, Boston Globe, además de ser colaboradora de Discovery Channel y Animal Planet.  

También ha incursionado como autora de libros para niños, siendo los más destacados, 90° grados de Latitud Sur, Terror en el Cosmos, Detectives del ADN, En el corazón de las ballenas, Un enemigo invisible.

Ángela y su sueño cumplido: Visitar la Antártica.

En varias entrevistas ha mencionado que su sueño más grande fue el poder llegar a conocer la Antártica, ¿Cómo lo logró?

“Siempre tuve ese amor secreto-escondido por la Antártica, entonces me dije: “Ángela si tú llegaste a MIT, cómo no llegas a la Antártica”. Tenía ese novio mío que era la Antártica, desde que yo era pequeña, siempre quise, pero como no sabía cómo. De hecho, en mi baño tenía unas fotografías de lo que yo quería pegadas en la pared, y una foto de esas era la de Shackleton con sus hombres en el hielo, y me repetía: “Tengo que ir a ese sitio”. Entonces supe cuando estudiaba en el MIT, que el Gobierno de los Estados Unidos tiene programas para llevar periodistas, y postulé durante ocho años seguidos.

Entonces recuerdo que estaba de viaje por Washington y aproveché a ir a la oficina de Asuntos Polares de la Fundación Nacional para la Ciencia, o en inglés, National Science Foundation, y le dije al encargado: “Peter, tú hablas conmigo todos los años, siempre me dices que no, ¿Por qué? Si yo te puedo poner notas en toda la comunidad hispana de Estados Unidos y acuérdate que aquí los hispanos somos la minoría más grande”, le puse los puntos sobre las ies pero sutil, él muy cordial, me sirvió un café y no me dijo nada, sólo un veremos. A la semana siguiente me llamó y me dijo: “Mi jefe me regañó, te vamos a llevar a la Antártica y puedes llevar a alguien para que te ayude con tu trabajo, te vamos a dar dos cupos”.

Fue un viaje increíble, fuimos hasta Christchurch en Nueva Zelanda, y ahí hay una bodega parecida a la que está aquí en el puerto de Punta Arenas, qué es donde están todos los equipos antárticos del programa estadounidense.

Entonces llegas y ves que hay un montón de ropa, te entregan dos bolsas enormes anaranjadas, y que los encargados te comienzan a dar charlas de cómo ponértela. Y debes pasar un examen para saber si aprendiste en qué orden van las capas. Y te dan unas botas de caucho blancas, parecían dos ladrillos gigantescos con una válvula. La verdad es que para mí todo era muy exótico, porque yo soy una criatura tropical, acostumbrada a usar shorts y sandalias.

Fue un viaje lindísimo a McMurdo, en un C-17, uno de los aviones de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, y aterrizamos en esta lengua blanca de hielo. Era increíble el poder verla por primera vez, y poder pisar esos bloques de hielo o ver como esos grandes témpanos estaban agarrados tal como si fueran almendras en una barra de chocolate blanco y luego poder posarte sobre esos hielos y escuchar el crujido. Yo antes había estado en lugares con nieve y en hielo, pero nunca en ese hielo antártico.

A mí me dejaron salir antes del avión para poder filmar, pues para mí fue como llegar a la luna. El camarógrafo que me acompañaba me pedía que dijera algo, y yo estaba anonadada, no podía hablar. Era un lugar donde siempre había querido estar, y conocer investigadores de la talla, no era turismo, era ciencia pura. Era la culminación de todos mis sueños, de esa niña que seguía la hazaña de Shackleton, de tener esa foto pegada en mi pared a estar donde siempre había querido llegar.

Cuando llegamos nos recibió la directora de la estación, que nos recibió con una taza de café caliente, y en el momento que llegamos le quitó la tapita a la taza, y tiró el café y nos dijo: “Bienvenidos al Polo Sur” y el café cayó en forma de nieve, y estaba hirviendo, o sea se congeló en menos de un segundo”.

¿Encuentra que el frío fue lo más complicado de su viaje al Polo Sur?

“Cuando llegas al Polo Sur lo que te asalta no es sólo el frío sino la altura, son 3.000 metros sobre el nivel del mar de puro hielo, eso para mí fue lo increíble: es seco, frío y alto. Lo primero que me pasó fue que mi nariz se llenó de cristales de hielo por dentro, y tú sientes hielo hasta en el cerebro, tal como si comieras helado muy rápido. Entonces tu cuerpo reacciona para mantenerte caliente, para que no entre más frío”.

Usted ha estado en cuatro puntos distintos de la Antártica, ¿cuál a su juicio es el lugar del continente que más le ha llamado la atención?

“Les puedo decir con mucha seguridad que la Antártica Sudamericana es el sitio más hermoso de todo el planeta, y no sólo lo digo yo, sino que varios expertos, exploradores antárticos con los que he conversado. Pues evidentemente después del tratado antártico ya no existe Antártica Chilena o Argentina, es una figura inventada, es la Antártica Sudamericana nuestra.

La Península Antártica es maravillosa, el Estrecho, el canal de Lemaire (tono de asombro), y es que las montañas son muy altas y estrechas, verdaderos monolitos blancos con colores chocolates. Es interesante porque es una privación sensorial porque todo es blanco y azul, claro que la península está llena de montañas negras, pero tú no ves rojo o verde, entonces cuándo vives en el Polo Sur geográfico por cuatro o cinco meses, como gente que vive un año entero, que cuando no hay luz no ves nada más que lo que está en la Estación. Pero cuando llegas a Nueva Zelanda o a Chile y te inundas de felicidad al volver a ver bosques”.

Siempre se dice que nuestra capital regional, Punta Arenas, es la puerta de entrada al Continente Blanco, ¿Qué le parece esta afirmación? Esto teniendo en cuenta que ésta no es primera vez que usted visita nuestra región.

“Punta Arenas es la puerta de entrada más histórica y más interesante a la Antártica, porque por aquí han pasado - a diferencia de otros lugares- todos los exploradores antárticos. Punta Arenas tiene el sabor victoriano, de los edificios antiguos, la historia polar está acá. Cuando yo camino en Punta Arenas yo sigo los pasos de Robert Falcon Scott, de Roald Amundsen y de Ernest Shackleton y yo me emociono, porque eso no lo ves en ninguna parte, porque este es el punto más cercano a la Antártica”.

Somos unos privilegiados de la Antártica…

“Ustedes son unos privilegiados de la Antártica, y yo le digo siempre a mis amigos chilenos, que es el colmo que no tengan más relación con la Antártica, que no entiendan la importancia crucial de Punta Arenas, que debería ser el ombligo de Chile. De hecho, estamos en la mitad de Chile. Por eso le tengo tanto cariño a esta ciudad.

Y es que Punta Arenas se te mete de lleno en la piel, yo llegué la primera vez el año 2010 con la segunda expedición gringa, una beca que me gané para pasar dos meses en la Estación Palmer. Eso fue lindísimo, porque ahí fue cuando vi Punta Arenas y fue que dije: “¡Wow! ¿Qué es lo que tiene esta ciudad?”, y en ese tiempo ni siquiera había visto los museos, pero fueron sus edificios alrededor de la Plaza Muñoz Gamero, toda la arquitectura tiene con un enorme significado.

Yo supe que un Banco que está en la Plaza de Armas, en el último piso del edificio estuvo Shackleton pidiendo dinero, entonces fui allá arriba y me posé sobre la silla donde se sentó él y dije: “Esperen un momentico, pues me transporto”. Este señor es uno de mis héroes, y luego lo mismo con el Piloto Pardo, nadie sabía del Piloto Pardo, yo sí, porque había leído, y dije: “¡Dios mío!, no entiendo a la gente”, Como que están embobados en conocer otras cosas de la Región, como Torres del Paine. Yo sé que es lindísimo, que es una maravilla natural, pero la Antártica, es que los chilenos son privilegiados con sus hielos, ustedes tienen la llave para abrir el secreto para el cambio climático mundial.

La Antártica es tan grande que nos influencia a todos, ¿Qué es lo que tengo que decirle a la gente de mi país que no entiende que lo que pasa aquí nos influencia tremendamente?, ya sea en el bienestar, en la pesca, por eso que el chileno está más cercano. Todo lo que pase o no pueda pasar en el desierto chileno tiene que ver con la Antártica, punto”.

Desafíos futuros

Ángela, usted que ha podido lograr sus más grandes sueños, ¿qué queda por hacer? ¿Cuáles son sus próximos desafíos?

“Quizás el más importante es seguir escribiendo libros para niños, además voy a estar embarcada la 3ª Exploración Antártica Colombiana, y tengo que ser la periodista a bordo durante un mes, escribiendo para el periódico El Tiempo de Colombia, y ese proyecto incluye un libro en el que estoy trabajando, que lleva por nombre: Bitácora de una expedicionaria antártica”, entonces voy a recoger mis experiencias antárticas en ese libro.

Otros proyectos incluyen escribir artículos para el Instituto Marino de Estados Unidos, dónde tengo que entrevistar a expertos en submarinos, de investigadores, ingenieros para ver cómo hacen esos submarinos, como llegan al fondo del mar, por ejemplo: hay una de las partes más inexploradas de Chile que es la fosa Antártica, que son 8 mil metros de profundidad.

Fuera de los proyectos que son artículos grandes, hay otro con premios nobel, que es interesante invitar a un grupo de ganadores del Premio Nobel a un congreso que vamos a tener en California para periodistas científicos. Además, pensando que voy a estar en California quiero visitar el bosque donde están las secuoyas, que son los árboles más grandes del mundo.

Por último, lo que me gustaría hacer es un proyecto de televisión, de tipo documental, donde yo pueda ser la conductora - nunca lo he hecho - quiero explicar más la ciencia, tal vez sería continuar la marca de la tía Abigail. Lo he hablado con algunos productores, pero uno vive todo el día ocupado y no sigue ese hilo”.

Acercar la ciencia y la tecnología a la comunidad

Dentro de esos desafíos que Ud mencionó se encuentran varias maneras de poder llevar el mundo de la Ciencia a la gente, ¿Qué es lo que tienen que hacer los medios de comunicación y particularmente, los periodistas para poder acercar el conocimiento científico a la comunidad?

“Como periodista, tienes que ser muy cuidadosa cuando haces una descripción, por decirles estaba hablando con un científico que me decía que el PH del Río Amazonas es tanto, y yo no tengo reparo en decir: “Descríbeme el Amazonas, es como Coca Cola diluida, como café o como un vaso de leche, digo desde el punto de vista de lo ácido que es”. Entonces el mismo científico me pregunta si me puede copiar, y yo le pido que me ayude a hacer la comparación, esa es la clave: muchas comparaciones, descripciones y metáforas. Por ejemplo: Cuando me hablan del pez nototénido, que no tiene sangre sino líquido blanco anticongelante, entonces pregunto, ¿Si será un pez de hielo o de antihielo?

La otra parte, es que tienes que saber mucho de ciencia para llegar a esa conclusión. Primero tienes que leer mucho, para luego dirigirte al público de cierta forma, cada uno tiene su estilo. El mío es cuidando lo poético, porque uno puede hablar que la Antártica es un desierto de cristal, es una metáfora muy bonita, es una forma de enganchar al lector con imaginación, con imágenes.

Hay que acercar al lector a través de metáforas, de comparaciones, poner al lector en la escena, que vea los colores y que hasta sienta los olores, recrear emociones, que sea el lector el que tenga la emoción, a partir de lo que tú le escribes, no decirle estoy muy feliz esto es muy lindo, esa es la tarea del lector, sacar sus propias conclusiones. Tienes que transportarlo, además que a todos nos gustan los cuentos, crecimos escuchando historias”.

Eso funciona mucho con los niños, ¿De qué otras formas se puede llevar el conocimiento a las nuevas generaciones?

“Los niños son los embajadores del futuro, ellos absorben mucho y al principio a uno le parece que no están oyendo, pero en realidad sí están poniendo atención, eso les queda metido, entonces los niños son curiosos por naturaleza y por eso yo me identifico con ellos, porque soy igualita, pregunto el porqué de todas las cosas.

Y los niños quieren saber, pero tienes que saber cómo llegar a ellos, es como darle de comer una ensalada al niño, quizás el brócoli no le guste, pero si le pones papas fritas y queso derretido sí se la comen. Hay que manejar un lenguaje más simple, pero sin subestimar, es lo mismo como los caballos, el caballo sabe cuándo el jinete está nervioso o no habla su idioma, a los niños hay que hablarles de forma normal, sólo que traten de no utilizar palabras complicadas y explicarles la terminología científica.

Hay que usar una combinación de contarles a los niños, algo que les pueda interesar naturalmente y agarrarse de ello para mostrarles otro lado de la ciencia, y hacerlo sin subestimar al niño. Por ejemplo: mostrarles un cetáceo, una ballena que es lo que les interesa y meter un fragmento de su piel dentro de un microscopio para observar de qué está compuesta. Y podemos saber la vida secreta de las ballenas, entonces cuándo tú les hablas sobre “la vida secreta de la ballena” algo le hace click al niño y automáticamente quiere saber más.

Y si pudiera les diría que nunca tienen que perder esa capacidad de descubrir lo que está detrás, lo que el científico ha pensado, pero si tú no se lo preguntas, no te puede dar respuestas interesantes. Y los niños son la clave, y no sólo eso, hay que decirle que ellos son los responsables de cuidar el medio ambiente, cuando ustedes lleguen a la política, a la ciencia, o a ser padres de un niño, tienen que hacer algo, que nuestro planeta no es un juego.

Lo que yo quiero es que el niño me oiga hablar o me lea, y que digan: “Voy a averiguar más”, es decir que haga la tarea y que no entre a jugar Pokémon GO. Ok, es rico jugar Pokémon pero entonces que hay detrás de él, que hay detrás de la tecnología, del celular, qué es lo que hay detrás para crear esta aplicación, y aprende por qué es importante para ti, para el mundo, y que te quede una enseñanza detrás de eso.

“Tenemos que aprovechar esa tecnología para nuestro bien porque el cableado cerebral de los niños de ahora es distinto al de generaciones anteriores, físicamente esos cables están diferentes y entonces ese niño que está tan interesado, dependiente de estas conexiones neuronales que disparan muy rápido porque está jugando un videojuego.

Es muy necesario el poder aprovechar esta capacidad para que el niño aprenda sobre ciencia, y se está haciendo en algunos sitios muy bien, con juegos y programas, pero hasta el momento nada reemplaza a la experiencia de estar parado frente a un bosque maravilloso y sólo sentarse para oír el viento o para olerlo”.