Ziley Mora: Investigador de la religión, lenguaje y tradición indígena

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“La lluvia o mawün es la abundancia, una aliada natural de la mujer y de la familia mapuche”.

Cada pueblo, nación o cultura, incluso ciudades, poblaciones o escuelas tienen sus propias costumbres, normas, creencias y formas de hacer las cosas y ver la vida, esta identidad social es el objeto de estudio de la Etnografía, rama de la Antropología y la Sociología. El pueblo mapuche ha construido a través de los siglos una rica cultura que ha sido estudiada por hombres y mujeres de las ciencias sociales, Ziley Mora es uno de estos investigadores que ha profundizado en la compleja cosmovisión mapuche.

Captura de pantalla 2015-03-10 a las 15.33.00Los mejores hombres y mujeres mapuche, los más valientes, son los que trascienden a la muerte, se convierten en pillanes y sus espíritus de adueñan de una parte del universo en forma de estrellas. Esta es una de las creencias más importantes del pueblo mapuche, que hizo que el filósofo, etnógrafo, educador y escritor, Ziley Mora Penrose, dedicara su vida a estudiar y comprender a esta etnia que vive en esta tierra hace mucho más de 500 años.

El investigador es experto en lenguas, cosmovisiones indígenas y medicina chamánica, ha sido profesor en liceos del sur de Chile y en las Universidades del Bío-Bío y Católica de Chile, además de varias instituciones en México. Ha publicado libros con sus investigaciones y ha desarrollado diversos cursos como el de la Escuela de Verano 2015 en la Universidad de Concepción “La sabiduría del agua en la cosmovisión mapuche”, que se adentra en la comprensión del agua desde la tradición mapuche, su presencia en los mitos y la función sagrada en diversos momentos de la vida mapuche. Sobre éste y otros temas conversamos con el profesor Ziley Mora.

Marzo 2015

¿Cuál es la importancia del agua en la cosmovisión mapuche?

ziley mora2Es importante porque define el destino de la vida humana en su relación con la capacidad de la palabra. Antiguamente el primer elemento que el bebé tenía que recibir era un agua que el padre debía bajar desde las altas cordilleras, donde había lagunas muy inaccesibles que se formaban en los cráteres dormidos. Esas lagunas se llamaban karrapillan, lit. “ciudad de los pillanes”, y sus aguas tenían un poder especial al dotar al niño con palabras de poder, causa que los convertiría luego en hombres notables también más allá de la muerte, en pillanes, es decir, en dominadores de una región del cosmos.

La madre debía darle esta agua al bebé recién nacido porque lo primero que el niño toma es lo que le forma las entrañas, le forma el alma, el “am”. Todos querían que su hijo, sobre todo si era varón, fuera un gran orador, un gran “ngenpin”, y esa agua le dotaba de poder, de sabiduría, a la palabra del niño. Bueno y antes que eso, el niño que era capaz de nacer en el agua y que nadaba hacía la orilla, en los remansos de los ríos, era apto para vivir y se salvaba.

La cultura mapuche asumía que el agua de las altas cascadas y de las neblinas era la más benéfica de todo lo que existía, había que beberla todos los días en un rito consagratorio del agua que ocurría al alba y todos se bañaban en esas aguas, ese rito se llamaba “muñentún”, o “muñetu”, acción de purificarse con el agua lustral de la madrugada, sobre todo el agua de las cascadas andinas.

Y finalmente, cuando muere la persona, el alma es evaluada por la jueza divina de las aguas, una divinidad vieja que personifica en una ballena y que juzga a las almas en el Océano Pacífico, en las costas de Tirúa, frente a la isla Mocha, que es el lugar donde el alma sufre el juicio final. Es decir, si el alma se marea a lomo de esa ballena, cae al agua y queda atontada, tiene que repetir los mismos ciclos concéntricos, como los remolinos de las aguas, en la próxima vida. Vida es mongen, que significa “girar en círculos y tropezarse siempre con los mismos problemas”. Entonces el agua prueba, evalúa y calibra la calidad del alma.

¿Cuántos tipos de agua hay en mapudungun y por qué son diferentes?

En mapudungun todo es “ko”, aunque la lluvia es “mawün”, y existen las mismas diferencias de los modos del agua que en la cultura occidental. Por ejemplo yo vivo en un pueblo que se llama Coihueco, que es más bien “savia del coihue”, también a la savia se le llama ko, agua. Lo que son distintas en la cultura mapuche son más bien las funciones que a veces cumple el agua, no es que haya aguas diferentes, sino que el agua de los pantanos tiene propiedades muy peligrosas para la vida humana, el agua de las cascadas, ya lo dijimos, tiene propiedades muy benéficas para la vida humana; si uno toma el agua fluyente de un río vertiginoso le ayuda a limpiarse y a fluir del cuerpo y a fluir las emociones. Dependiendo de donde uno saque o beba el agua, son sus propiedades según la cultura mapuche.

¿Qué significaban los ríos y lagos para los mapuche?, ¿El río Bío-Bío era especial para ellos?

Muy especial. Sin duda que algo misterioso tiene este río. Estas aguas parecen las custodias de un secreto antiguo. Porque parece que fueron conservadas al modo de un testamento espiritual, como cuando alguien abandona un lugar y una familia y adrede deja un mensaje críptico, un legado para la posteridad, requiriéndose una clave secreta, una llave, para ver si alguien -en un lejano futuro- descubre su significado pleno.

El río Bío-Bío tiene un dueño poderoso, dicen que cada cosa tiene su am, su alma” y además, según los pewenches, “todas las cosas tienen un dueño”, su ngen particular, es decir un “espíritu dominador”. Todo contiene una interioridad desconocida, un tipo de poder inteligente que rige la identidad secreta de las cosas ¿Cuál será el nombre secreto de este río? Saberlo sería el más ancho regalo de Chile.

Por las mañanas, por ejemplo, el agua del Bío-Bío vela, encubre la luz. Relmu, el “arco iris” en mapudungun, literalmente se podría traducir como “el parapeto que resguarda del sol”, (de la voz relmalen, “defensa para cubrirse la vista de la intensidad del sol”, también de mu “tras de dos personas”). Asimismo podría tomarse, en sentido amplio, como el velo que recubre la grandiosidad del sol, velo que ayuda y posibilita la visión de la luz pero que también la cubre.

¿Cuál es el papel del mar para la cosmovisión mapuche?

El lafken o mar está al oeste, al poniente, es decir al lado de la noche, al lado de la muerte, esto es en términos míticos. Es responsable de esa sanción cósmica y ética llamada diluvio. Porque el lafken es el dominio de un ngen o “espíritu”poderosísimo llamado Kay-Kay, que rige los diluvios cuando la humanidad está en graves ofensas contra la naturaleza haciendo que el mar se salga de sus bordes. Y se vuelve en el ente divino justiciero que limpia cada tanto a la humanidad ribereña y del valle mediante maremotos y terremotos que vienen a remecer a las gentes que se han desviado, es decir que no quieren subir como guerreros el camino ascendente del pillan.

Y es así que en la cosmovisión mapuche, como mencionamos, el mar prueba y evalúa el alma de los muertos. Estos sufren el duro examen de la Trempülkawe, la severa Jueza Divina de los muertos. Ella, representada en la ballena, el animal más sagrado de la cosmovisión, tal y como un Caronte balseador de los difuntos, hace navegar sobre sus lomos al alma desencarnada y la somete a preguntas y a giros imprevistos, siguiendo los remolinos del mar. Cuando el alma no se preparó para superar los remolinos de su propia vida (y aunque ya lo dijimos, pero conviene insistir que mongen, la vida humana es “girar estúpidamente en círculos”), cae irremisiblemente al agua del lafken y se queda girando sin rumbo en sus abismos, repitiendo las estupideces y cegueras de su anterior mongen.

¿Cuál es la importancia de la lluvia?

La lluvia o mawün es la abundancia, una aliada natural de la selva, de la mujer y de la familia mapuche. Su agua se recogía ritualmente en unas concavidades pétreas especiales hoy conocidas como “piedras tacitas” para allí agradecer, dirigir o conducir el curso y la periodicidad de su manifestación. La mujer tenía especiales dotes y afinidad con los ritos en donde participaba el agua de lluvia. Esos ritos propiciatorios –probablemente también se le homenajeaba con un poco de sangre de algún animalito ritual- eran constantes y periódicos, nunca debía faltar algo en esas concavidades, ya que probablemente estaban dirigidos a los espíritus elementales del lugar y sin duda orientados a conseguir favores de intercambio con el elemento agua, con la lluvia.

Tal era el prestigio multiplicador y benefactor de la lluvia, que hasta el día de hoy se practica el rito de poner el pedacito de ombligo que al cabo de unas semanas se desprende del recién nacido, bajo la gotera; bajo el lugar de la casa en donde justo cae la concentración mejor y mayor del agua de lluvia. Se estima que esto hará rica, abundante y muy próspera la vida y el destino del niño.

¿Cómo llegó usted a estudiar la cosmovisión mapuche?

Por una situación educativa, en los años 1983 – 1984 yo era profesor de filosofía en un liceo de Pucón donde había algunos alumnos indígenas. En una clase de esos años en que yo pasaba el tema de la inmortalidad del alma en Platón, me sentí particularmente ridículo frente una alumna, una adolescente de 15 años, que me miraba muy serena, fija y muy despierta, y me hacía sentir muy nervioso porque imaginaba que ella sabía todo lo que yo estaba hablando y mucho más. Quedé muy intrigado y al terminar la clase le pregunté:

- “Elba ¿tú conocías, habías leído estas materias?”

- “No profesor

- “¿Por qué percibo que las sabes?”

- “Las sé por sueños” me dijo

- “¿Pero quién te ayuda a interpretar los sueños?”

- “Mi madre y mi abuela”

- “Pero no me explico ¿por qué tú y ellas saben tanto sobre el alma?”, y ahí dijo la frase clave:

- “Porque soy mapuche, y los mapuche somos expertos en el alma”

Esto fue una profunda revelación y me produjo un interés enorme conocer la cultura mapuche. Había estado muchos años en búsqueda del sentido de la vida. Estuve 10 años en un seminario católico, después me interesé en otras búsquedas espirituales, tenía mi alma hambrienta de eso, entonces le pedí de inmediato que me llevara a su casa a conocer a su madre y a su abuela, pero me dijo “todavía no es el tiempo”, yo preguntaba, preparaba el viaje y no podía, me decía “profesor usted no puede porque todavía mi madre y mi abuela no lo han soñado; tienen que primero soñarlo, y aunque usted decida y quiera ir conmigo, no puede, porque tienen ellas que autorizarlo con el sueño”.

Finalmente, después de tres meses, un buen día me dijo “profesor ahora sí que puede ir a mi casa, porque lo soñaron”. Pasé una noche impresionante, una noche muy especial porque me revelaron, sobre todo la madre de Elba, Ceferina Hueiquifil, que tenía el don de las antiguas mujeres de ser “lliwa”, eso significa ser “vidente”, y descubrió todos los aspectos oscuros de mi vida. Yo pasé esa noche muy mal, escuché toda la noche y a ratos tenía que salir a vomitar, porque me sentía demasiado mal con las terribles verdades que decía de mi y que sabía de mi. Fue la noche que me hizo ver no sólo mis imposturas, falsedades y autoengaños, si no las de la cultura occidental, y me hizo ver también la maravilla que tenemos los chilenos, perdida, oculta y olvidada en el patio trasero de Chile, y comprendí la soberbia chilena de estar enamorados de la cultura occidental y no asumir su mestizaje, su otra raíz.

¿Por qué los niños y niñas chilenos necesitan conocer la historia y cosmovisión mapuche?

Ahí están las claves del misterio de la vida, del ser humano. Si yo descubrí en la cultura mapuche nada menos que eso, para qué estamos aquí, qué significa que seamos personas. Descubrí que nuestra misión es convertirnos en pillanes, y pillan significa la unión del “pellü”, el espíritu, con el “am”, el alma, “pillan = pellú + am”, salvar el alma a través de la fuerza del espíritu, a través de la valentía, que es la principal virtud mapuche, que los va a llevar a la mente despierta, al “trepelaimidzuam”.

Es muy impresionante que en la cultura mapuche hay 18 verbos que expresan el despertar, y por tanto es una cultura que entiende que la vida humana sólo se justifica si uno es capaz de despertar y de apoderarse de su mente, de ser valiente, de hacer acciones para, como diría Ignacio de Loyola, “apoderarse del cielo, de asaltar el cielo”. No es un asunto pasivo esto de la salvación del alma. Si uno no despierta y si no es valiente como un guerrero, como un “weichan”, como un “koná”, uno queda a nivel dicen ellos, de “witranalwe”, gente a la que se le ha succionado el alma y aparte de enfermarse y morir de cualquier miserable enfermedad, uno queda dando vueltas aquí como un ente, sin trascender a las estrellas. Las estrellas son justamente el alma de los grandes antepasados, los pillanes. En el fondo es un camino hacia la trascendencia pero desde el ecosistema local, desde los mitos locales, desde los saberes y las palabras, cuando digo locales es de las palabras autóctonas, de esta tierra, es por eso que un niño o una niña tendría que conocer a fondo la cultura mapuche.

Fuente: El pueblo mapuche: www.memoriachilena.cl/602/w3-article-781.html.