Sergio González: “La historia no es describir sucesos es hacerse preguntas sobre esos sucesos”

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“La historia no es describir sucesos es hacerse preguntas sobre esos sucesos”.

Sociólogo de la Universidad de Chile, Doctor en Educación de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano y Doctor en Estudios Americanos de la Universidad de Santiago, Sergio González Miranda recibió el Premio Nacional de Historia 2014, “considerando su notable productividad científica, materializada en publicaciones y proyectos de investigación; por su contribución al desarrollo de la historia regional e integración académica en el campo de la historiografía y por haber abordado el mundo del salitre y la geografía humana del norte del país, menos conocida en Chile”.

Actualmente es académico, investigador y Director del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Arturo Prat. Además es Director de un Anillo de Investigación en Ciencia y Tecnología del Programa de Investigación Asociativa, PIA, de CONICYT con el proyecto “Relaciones transfronterizas entre Bolivia y Chile: Paradiplomacia y prácticas sociales 1904-2004”.

Entre sus publicaciones destacan "Las historias que nos unen. Episodios positivos en las relaciones peruano-chilenas, siglos XIX y XX", Ril Editores. 2014; “La sociedad del salitre. Protagonistas, migraciones, cultura urbana y espacios públicos”, RIL, 2013; “Chilenizando a Tunupa: La escuela pública en Tarapacá Andino 1880-1990”, DIBAM, 2002; “A cien años de la masacre de Santa María de Iquique”, Lom, 2009; “Hombres y mujeres de la pampa”, Lom, 2002, entre muchos otros libros y artículos de investigación.

El Doctor González Miranda ha desarrollado una sólida trayectoria especialmente en temas relacionados con el norte de Chile, la Pampa y su entorno, la historia del salitre, los pueblos andinos y las relaciones con Perú, Bolivia y Argentina.

Noviembre 2014

¿Qué lo llevó al estudio de la historia del norte de Chile y sus relaciones internacionales con Perú y Bolivia?

Fue fundamentalmente un trabajo académico. Me interesó mucho estudiar el desarrollo del norte grande de Chile, en especial la región de Tarapacá, donde es evidente que la historia es muy importante para poder explicar los procesos que viven las regiones. Dentro de la historia regional, me encontré con este período tan importante, para Tarapacá y para el norte grande de Chile, que fue el ciclo del salitre, me avoqué a estudiarlo desde mediados de los años 80 hasta la actualidad, hoy sigo investigando este fenómeno.

Además, como el norte grande de Chile es una región fronteriza, tiene frontera no sólo con Argentina, como el resto de Chile, sino también con Bolivia y Perú, éste era un tema muy presente y muy dominante, por tanto las relaciones transfronterizas se convirtieron también en un eje muy significativo de mis investigaciones. Y desde los años 90 empecé a estudiar las relaciones vecinales del norte de Chile, especialmente con el sur de Perú, el occidente de Bolivia y el noroeste argentino.

¿Qué diferencias existen entre las relaciones internacionales de Chile con Perú y Chile con Bolivia?

Hay elementos comunes, los tres países quedaron indisolublemente unidos cuando se definieron las fronteras. En los tratados internacionales quedó en forma tácita la presencia del otro. En el tratado de 1929 entre Chile y Perú, por ejemplo, es evidente que tácitamente hay una indicación hacia Bolivia, que tiene que ver con el protocolo complementario; y en el tratado de 1904, entre Chile y Bolivia, también se involucró a Perú con la construcción del ferrocarril Arica – La Paz, por lo tanto, estos tres países están irremediablemente unidos por las fronteras, y eso tiene que enfrentarse en términos de la convivencia pacífica y la resolución de los litigios de la manera más apropiada a través de la diplomacia.

Efectivamente hay elementos diferenciadores porque con Perú, Chile ha tenido una relación diplomática bastante más compleja y de mucho más tiempo que con Bolivia, pero ahora Chile debe enfrentar una arremetida diplomática boliviana mientras todo parece indicar que con Perú se está lentamente cerrando el litigio. Ahora, desde una perspectiva paradiplomática, observamos que las fronteras con ambos países cada vez los flujos de bienes, servicios y personas son más densos. Lo nuevo no está en la inmigración peruana o boliviana, sino colombiana y de otras nacionalidades.

¿Qué productos culturales ha intercambiado Chile, Perú y Bolivia durante su historia?

chilenos, especialmente cuando uno enfoca la historia desde las micro historias, social, cultural o historia de la vida cotidiana, allí encontramos muchos elementos, en el plano religioso, en el cultural, en lo deportivo, en la música, en el arte, también en las festividades, en las migraciones. Y hoy en día, como nunca antes, con Perú, también hay una relación comercial muy significativa. Si con Bolivia tuviéramos relaciones económicas, sociales y culturales más profundas posiblemente las relaciones diplomáticas bilaterales serían más amables.

Durante el ciclo del salitre, la población de Bolivia tuvo una participación muy importante en las salitreras en el norte de Chile. Las relaciones con Bolivia son históricas, son fundamentales, son anteriores a las Repúblicas. Por ejemplo la influencia de Oruro en Tarapacá se puede observar de manera notoria en festividades religiosas nuestras como la Fiesta de La Tirana, las diabladas que sin duda provienen de Oruro. Hay muchos elementos que nos unen con el sur del Perú, con el occidente de Bolivia y también con el noroeste de Argentina.

El norte grande tiene un vínculo muy estrecho con el noroeste argentino, con la zona de Salta y Jujuy. Viejas historias de los arrieros que cruzaban la frontera para unir, para vincular las sociedades y las economías, eso lo hemos estudiado con algunos historiadores argentinos y bolivianos, son historias muy bellas que van construyendo a las regiones, a las sociedades que, más allá de las fronteras, tienen lazos comunes, costumbres, formas de vida, visiones de mundo, sin dejar de ser argentinos, chilenos, bolivianos o peruanos.

Cómo se produjo la “chilenización” de la población de Arica y Tarapacá después de la Guerra del Pacífico?

Todos los países, sin ninguna excepción, porque es una misión de los estados nacionales, deben reproducir su cultura, su carácter nacional y sus instituciones a lo largo de todo el país, y para eso se utilizan mucho algunas agencias culturales como la escuela pública y otras. Después de la guerra hubo un proceso, yo diría que bastante amable y tolerante, de mayor presencia de las instituciones chilenas, incluso los propios peruanos y bolivianos lo han reconocido así, al menos hasta el centenario de la república.

En realidad los litigios vinieron después, cuando se comenzaron a discutir temas diplomáticos en torno a los tratados bilaterales que definieron las fronteras, pero siempre da la impresión que la Guerra del Pacífico generó, a escala de las sociedades, estas diferencias tan importantes entre los tres países, en lo personal creo que no fue la guerra misma, sino la lectura que se hizo de ella en cada país décadas después de terminado el conflicto bélico. Si bien la Guerra del Pacífico fue el hito que marcó un antes y un después, en realidad los procesos de chilenización son posteriores y tienen diferentes etapas. La etapa que viene inmediatamente después de la Guerra, fue una etapa de tolerancia mutua. Cuando hemos tenido las mayores diferencias entre las sociedades y entre los estados, Perú con Chile o Bolivia con Chile, ha sido en el marco de las relaciones diplomáticas, como lo que sucedió en 1919 o en 2013.

¿Cómo ha sido la relación del estado chileno y el mundo de las culturas andinas?

Chile tiene culturas y poblaciones andinas, por ejemplo tiene comunidades Aymara en Arica Parinacota, en Tarapacá y también en Antofagasta y Calama. Los historiadores y antropólogos siempre hemos señalado que Chile ha visto todos sus territorios como sociedades fundamentalmente homogéneas y eso sin duda ha tenido consecuencias, como no reconocer la diversidad cultural, social y lingüística de grupos como los Aymara en el norte o los Mapuche en la zona sur, que son culturas profundas.

En Chile los profesores, especialmente normalistas, hicieron una labor extraordinaria en educación pública a nivel de todo el país, pero ellos no sabían cómo enfrentar este fenómeno cultural que fue reproducir el curriculum escolar en comunidades que tenían una cultura, una lengua, tradiciones y costumbres diferentes al resto del país. Ellos, los profesores normalistas, hoy día son las personas que tienen más claridad en el tema y reconocen que cometieron errores como prohibir que los chicos hablaran su lengua materna. Muy rápidamente las comunidades altoandinas pasaron de ser de monolingües aymara a monolingües en español, cuando perfectamente podrían haber hecho un tránsito al bilingüismo.

Sin embargo, la escuela pública les dejó muchas otras cosas positivas, como capitales cultural y cívico que antes no tenían, y eso significa que pueden desempeñarse con propiedad en ambas culturas en el plano político y ciudadano. Hoy la mayoría de los municipios rurales están dirigidos por aymaras, y eso es gracias a que la escuela pública les entregó las herramientas del conocimiento cívico y político necesario para definir su destino a través de una institución como el municipio, empero, a la vez, el municipio afectó profundamente a una institución andina como la asamblea comunal, donde esas comunidades definen a sus autoridades tradicionales.

¿Cómo se construyó la identidad de los habitantes del desierto y la pampa chilena?

Fue un proceso muy largo que comienza antes del salitre, con otras actividades mineras, por ejemplo en la zona de Taltal con la explotación de minerales como Cachinal de la Sierra, Caracoles, o las Guaneras de Mejillones. Todo este proceso de ocupación del desierto de Atacama fue paulatino. Como historiador quiero destacar el papel histórico de los trabajadores chilenos, los mineros y sus familias, que se fueron moviendo desde el norte chico hacia Atacama, y también después desde la zona centro sur de Chile hacia este desierto. Antes de la Guerra, en el último censo peruano, se registraba más población chilena que peruana en el puerto de Iquique, esos trabajadores chilenos en cierta medida marcaron el sino de la expansión de nuestras fronteras hacia el norte, y ellos fueron los primeros.

Cuando un chileno, un peruano, un boliviano o un argentino, se mueve, sin duda lleva las instituciones de su país a cuestas, su identidad nacional, lleva toda su cultura consigo, y por tanto todos los chilenos que se vinieron al desierto de Atacama trajeron el carácter del chileno, sus costumbres y sus formas de vida. Allí se produjo una amalgama con los que ya estaban y con otros grupos que llegaron desde otras direcciones, por ello Andrés Sabella habla del hombre de cuatro rumbos. Creo que a ellos, al trabajador chileno, minero por antonomasia, no se le ha rendido el suficiente reconocimiento, Chile le debe lo que es hoy día el norte grande, esta es una épica que debemos incorporar en los textos escolares. Fueron los trabajadores y sus familias, hombres y mujeres, que construyeron y le dieron nombre a este territorio llamado norte grande, que como lo señala muy bien el historiador chileno Milton Godoy, posiblemente el norte chico, fue padre y madre del Norte Grande.

Los chilenos no llegan solos y tampoco estos espacios están vacíos, había población habitando allí, había presencia boliviana y peruana muy importante, especialmente en Tarapacá. Se va generando una mixtura, un mestizaje, al que también contribuyen migraciones asiáticas, especialmente la cantonesa, y europea, española, inglesa, alemana, italiana, francesa, croata, que van generando un nuevo sujeto, que si bien no es una cultura, yo digo que más bien es un ethos cultural, una nueva identidad, que reconocemos como pampina.

¿Cuál era el rol de la mujer en la vida de la pampa y de las salitreras?

En el mundo del trabajo minero la presencia masculina es mayoritaria, pero aunque había menos mujeres, ellas fueron muy importantes. No trabajaban en las faenas de extracción, de transporte y elaboración del nitrato, pero sí trabajaban en lo que tenía que ver con servicios, en la pulpería, en las cantinas o fondas, en las cocinerías, en la administración, trabajaron también en ese oficio tan especial de libreteras, ellas representaban a los obreros, defendiendo sus derechos frente a la administración en lo que dice relación con la producción individual de caliche en la pampa.

Las mujeres fueron fundamentales en todos los ámbitos del proceso de producción del salitre, lo que sucede es que como no fueron las obreras típicas en términos de trabajar en el proceso industrial, parecen un poco disminuidas, pero sus oficios fueron estratégicos. Además ellas se organizaron tempranamente en centros de mujeres para luchar por los derechos de los obreros y fueron muy importantes en impulsar la educación, generalmente los profesores o preceptores eran maestras, y el área de las instituciones culturales en la pampa la desarrollaron mujeres, recordemos a las pianistas en el biógrafo o en las filarmónicas, las mujeres en el teatro obrero de la pampa, etc.

¿Cómo llega a producirse un hecho tan terrible como la matanza en la Escuela Santa María de Iquique?

Las huelgas importantes en el salitre en Chile tienen características distintas. Algunas, las más grandes, se desarrollaron en la etapa expansiva, es decir, fueron huelgas donde la gente reclamó no porque estaban en situación de miseria absoluta o pobreza extrema, sino porque eran conscientes que había recursos y se estaban distribuyendo en forma inequitativa, ellos querían también recibir el beneficio del auge económico por el trabajo estratégico que desarrollaban. Estaban luchando porque también se les reconociera por el estado chileno y por los empresarios, ese derecho.

En el caso de la masacre de 1907, los trabajadores se vieron muy afectados por la gran inflación que hubo en ese tiempo, que beneficiaba a algunos en Chile, pero que perjudicaba directamente a los trabajadores. Ellos vieron que se fue devaluando el peso respecto a la libra esterlina de manera muy notoria desde fines del siglo anterior, entonces un peso estaba costando la mitad o menos de lo que valía años antes. No es que los obreros estuvieran en una situación económica muy desmedrada, si no que ellos estaban exigiendo no perder las condiciones económicas y salariales que tenían en años anteriores.

Los salitreros estaban conscientes de esa pérdida salarial pero no hicieron nada por corregir el problema, a pesar que en 1904 hubo una movilización muy diplomática por parte de los obreros portuarios, donde expusieron en memoriales las demandas ante el gobierno del presidente Germán Riesco. Sólo se logró que una comisión consultiva visitara el norte grande, pero no hubo políticas públicas y tampoco medidas empresariales para dar respuestas a esos memoriales. Las consecuencias se vivieron tres años más tarde, cuando los obreros de la pampa lideraron la protesta social.

1907 fue un año todavía de auge del salitre, no estamos hablando de que no existiesen recursos económicos para solventar la demanda de los trabajadores, si no que el problema fue más bien de orden político, social y policial, porque los trabajadores tomaron la decisión, audaz, de movilizarse hacia Iquique, y eso significó el quiebre del orden social. Las autoridades y los empresarios estaban dispuestos a conversar con el movimiento huelguístico siempre y cuando éste volviera a trabajar nuevamente, que regresaran a las salitreras, cosa que los obreros no estaban dispuestos a hacer después de haber realizado un esfuerzo tan enorme de llegar hasta el puerto de Iquique.

Ellos tenían el antecedente de 1904, lamentablemente los cambios que se pidieron en ese entonces no se produjeron, asumió Pedro Montt y los trabajadores vieron que las condiciones seguían igual y peor, no habían tenido respuesta, ya no confiaban y ahí se produjo la huelga que afectó a toda la pampa de Tarapacá y el Toco, cuyo resultado fue trágico.

¿Cómo se puede encantar a niños, niñas y jóvenes con la Historia del Norte de Chile?

La Historia es muy hermosa y creo que se puede encantar a los niños de todo el país a través de sus propias historias locales, partiendo con el estudio de su propia comunidad para llegar a la historia universal. No se trata de estudiar sólo describiendo las cosas, se trata de hacerse preguntas, de observar problemas de investigación, de preguntarse por qué ocurren determinados sucesos.

La historia no es describir la comunidad, la región o determinados sucesos, la historia es hacerse preguntas sobre la comunidad, hacerse preguntas sobre la región, hacerse preguntas sobre los sucesos y las preguntas van a exigir que uno lea mucho más, que estudie otras historias, que vea historia comparada, que estudie otras disciplinas, la historia de Chile, la historia de América Latina, y allí van a empezar a abrirse nuevas puertas. Lo importante es señalar que la historia, como cualquier otra disciplina científica, estudia y analiza problemas y no solamente, como ha sido tradicional, describe y relata temas, por interesantes que estos sean.

La historia es una disciplina que exige mucho, es una ciencia y es una de las humanidades, entonces tiene una doble exigencia. Por un lado tiene las exigencias propias de la ciencia, ser rigurosa, metódica, sistemática, exige teoría, pero por otro lado, también exige verla desde las humanidades, por ejemplo, desde la literatura, desde el ensayo. Hay una doble exigencia, pero también es una doble maravilla del conocimiento.