¿Conoceríamos las galaxias y estrellas sin los lentes de los telescopios?

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La tecnología es en gran parte una extensión de nuestros sentidos y capacidades, permite ir más allá y alcanzar nuevos mundos. Y esto es justamente lo que han posibilitado las lentes, objetos transparentes, normalmente de vidrio, con al menos una superficie curva que permite la refracción de los rayos de luz.

Las lentes sirven para corregir problemas de visión y muchas personas las usan en anteojos para poder ver bien. Pero este es sólo una de las posibilidades de las lentes que en otras combinaciones posibilitan ver muy lejos o muy cerca. Telescopios y microscopios son dos de los más maravillosos instrumentos que han permitido conocer la naturaleza.

El telescopio fue obra, quizás casual, de un fabricante de anteojos holandés llamado Hans Lippershey, quien combinó lentes para ver de lejos. En 1609 Galileo construyó un telescopio según el modelo de Lippershey y en vez de avistar tierras lejanas, lo dirigió hacia el cielo. Así descubrió cuatro satélites de Júpiter, las fases de Venus y el anillo de Saturno.

Hoy en el norte de Chile se encuentran los telescopios más poderosos del mundo y en 2014 comenzará la construcción por parte del Observarorio Europeo Austral (ESO) del Telescopio Extremadamente Grande en el cerro Armazones, Región de Antofagasta. Dicho telescopio tendrá un espejo de 42 metros de diámetro.

Y para mirar lo pequeño, en 2011, científicos de la Universidad de Manchester, crearon un microscopio que consigue una visión en detalle de hasta 50.000 millonésimas partes de metro. El aparato capta las “ondas evanescentes”, emitidas muy cerca del objeto y que generalmente se pierde y permite incluso observar virus.