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Mar, Jun

Endemismo en Juan Fernández: archipiélago único

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El trío de islas, ubicado a 674 km del continente, sostiene la mayor cantidad de especies únicas en el mundo, sin embargo, su biodiversidad está amenazada por la entrada de plantas invasoras y la pesca ilegal.

Entre 2014 y 2015, el biólogo marino Carlos Gaymer llegó al Archipiélago de Juan Fernández para participar de un inédito estudio: buscaban medir que tan únicas eran las especies que habitan aquel ecosistema de islas ubicado a 674 km. frente a las costas de Valparaíso. Junto a su equipo de la U. Católica del Norte y del Núcleo Milenio de Ecología y Manejo Sustentable de Islas Oceánicas (Esmoi), exploraron las islas Robinson Crusoe y Santa Clara, y dos montes submarinos.

Junto a investigadores de diversas partes del mundo -incluyendo la U. de Hawai, National Geographic y la ONG Oceana-, bajaron hasta 30 metros de profundidad para observar toda la flora y fauna de la zona y calcular sus niveles de endemismo. “Es lo más alto del mundo marino conocido, por lo menos en peces costeros”, dice. Los resultados forman parte del mayor estudio realizado a la fecha que comprueba la singularidad del archipiélago.

Los resultados del estudio indican que de las 213 especies vegetales que posee el archipiélago Juan Fernández, 137 sólo existen ahí. Ese endemismo o particularidad de ser único y habitar en un espacio limitado, alcanza el 64,32%, lo que se suma al 62% que las islas tienen en cuanto a peces de arrecife, una cifra dos a tres veces mayor que la que tienen otras áreas conocidas por ello, como Hawai e Isla de Pascua, donde el 25% y 22% de sus peces, respectivamente, son endémicos.

“Poco se sabe científicamente sobre estas islas, sin embargo, son uno de los ecosistemas marinos más prístinos que quedan en América del Sur”, dice Alan Friedlander, investigador de la U. de Hawai y jefe científico de Pristine Seas, de la National Geographic Society, quien lideró la investigación. ¿Qué provoca tal singularidad? Carlos Gaymer, explica que no es solo su aislamiento, sino que también la circulación oceánica. “El movimiento de corrientes lo "aísla" de otro ecosistema como el de Isla de Pascua. Entre comillas, porque en el mar todo está conectado”, dice.

Ecosistema en peligro

Hasta el año pasado, la pesca de arrastre significaba un peligro para la biodiversidad. Entonces se creó una ley que impide la pesca en montes submarinos, aunque Gaymer señala que queda mucho por hacer, pues si bien existe una zona de múltiples usos que protege las primeras 12 millas, entre ese punto y las 200 millas no hay protección. Ahí la pesca de arrastre podría volver a ponerlos en peligro.

“La pesca ilegal y el cambio climático son las dos mayores amenazas para estas islas. Estas amenazas afectan a los ecosistemas de todo el mundo, pero la creación de grandes áreas marinas protegidas, como la declarada recientemente por Las Desventuradas, puede ayudar a minimizar estas amenazas”, agrega Friedlander.

El aislamiento que aún permite conservar esos ecosistemas marinos únicos, también explica lo que ocurre con sus plantas en la tierra, aunque no ha sido suficiente. “Las especies exóticas invasoras y la falta de voluntad política son el mayor riesgo”, dice Cecilia Smith, investigadora de la U. Austral. El maqui, la zarzamora y la murta, además de cabras y conejos han alterado la biodiversidad. El peligro es tal que las estimaciones señalan que el bosque podría desaparecer en 80 años.

Especies invasoras

Smith explica que mientras las plantas invasoras avanzan a una velocidad de 5 hectáreas por año, la extracción de estas -realizada por voluntarios y la propia población- avanza un 1% de eso. Por lo tanto, si avanzan 100 km, la limpieza avanza 1 km, ejemplifica. “Eventualmente es un saco roto, porque las invasoras siempre van a ganar. Es un esfuerzo enorme, más recursos permitirían avanzar y desarrollar tecnologías que se utilizan en otras islas, como los controladores biológicos, como insectos u hongos, que hoy no tienen tantos riesgos”, asegura.

La bióloga señala que en este momento hay muchos planes, “todos escritos, pero no ejecutados”, porque falta que el Estado ponga más recursos. La ONG norteamericana Oikonos desarrolla desde hace 15 años el trabajo de extraer invasores. Consiguiendo recursos a través de fondos internacionales han podido proteger especies de plantas endémicas y aves marinas, de los conejos, por ejemplo, que usan sus lugares de nidificación.

“El mayor desafío con las especies exóticas invasoras (EEI) es lograr la erradicación. Para lograrlo es necesario trabajar a gran escala, disponer de financiamiento y contar con el compromiso de la comunidad. Nuestra meta final debe ser la erradicación de las EEI más dañinas, ya que el control de éstas no se puede mantener indefinidamente y se perderán todos los logros realizados a corto y a mediano plazo”, dice Valentina Colodro, representante de la organización en Chile.

El Ministerio de Medio Ambiente está desarrollando además, un plan piloto para crear una barrera y que no entren más invasoras, también, junto a Conaf han recolectado semillas del archipiélago para almacenarlas en un banco base (que está en el INIA-Vicuña), para resguardarlas ante una eventual catástrofe o extinción.

“Por densidad, Juan Fernández tiene el endemismo más alto a nivel mundial. Para ser un lugar tan pequeño es enorme la cantidad de plantas endémicas que tiene por metro cuadrado, en casi ningún otro lugar existe”, dice Smith.

Colodro enfatiza en que la mejor estrategia para proteger el endemismo del archipiélago es erradicando las especies exóticas que amenazan al bosque endémico y sus aves, y crear una barrera de bioseguridad eficiente que evite la entrada de nuevas especies invasoras. “Contar con el compromiso de las instituciones públicas y la comunidad es fundamental para lograr el éxito de estas estrategias a largo plazo”, asegura.