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Jue, Ago

De cóndores a choroyes: rescate y rehabilitación para volver a la naturaleza

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El cambio climático ha alterado los ecosistemas disminuyendo la diversidad biológica de las aves en nuestro país. Esto sumado a otras causas relacionadas con el ser humano como el tráfico y la tenencia ilegal, hace invaluable el trabajo de centros de rehabilitación como el de la U. Austral y el de la Unión de Ornitólogos de Chile, en cuanto a conservación y obtención de valiosa información científica de especies nativas.

Corría el año 1971 cuando Fidel Castro, en ese entonces mandatario de Cuba, llegó a Chile en visita oficial para sostener un encuentro bilateral con el presidente Salvador Allende, quien agasajó al cubano regalándole una pareja de cóndores chilenos. Las aves bautizadas como “Santiago” y “Aconcagua” fueron trasladadas al zoológico de La Habana donde tras casi 30 años de cautiverio, empollaron.

Con la idea de que la cría gozara de libertad, el preciado primogénito viajó 7 mil kilómetros hasta Buenos Aires, Argentina, donde fue incluido en un proyecto de conservación de la especie. En mayo del 2000 y tras meses en una incubadora, “Che” –como se le llamó en honor al Che Guevara y a la palabra mapuche de “pueblo”–, nació sin problemas. Fue criado por títeres que asemejaban cabezas de cóndores adultos durante dos años y fue liberado en diciembre 2001 en la cordillera chilena cercana a Santiago.

Sin embargo, solo 7 meses después, su dispositivo GPS dejó de mostrar movimiento. El cuerpo del “Che” fue encontrado en el Cajón del Maipo con 28 perdigones disparados a menos de 2 metros de distancia. El fatal destino del personaje principal de esta anécdota histórica, lamentablemente es más común de lo que parece para las aves rapaces en Chile.

Desde inicios de los ‘90, 23 centros de rehabilitación para fauna silvestre se han registrado en el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG). De ellos, sólo 16 atienden a aves rescatadas, para ser evaluadas, tratados y reentrenados para volver a su hábitat natural. Además, de acuerdo a datos del Ministerio de Medioambiente, de las 713 especies nativas en estado de peligro o vulnerabilidad de extinción, un 9.11% pertenece a aves, siendo el Zarapito Boreal la única extinta.

Proyecto Cóndor: rescate y rehabilitación

Águilas, halcones, cóndores, cernícalos, peucos, aguiluchos, búhos y lechuzas, entre otras especies de aves rapaces y carroñeras, recibe el pionero Centro de Rehabilitación de Aves Rapaces (CRAR) de la Unión de Ornitólogos de Chile (UNORCH). Donde llegan unas cien al año, heridas producto de accidentes, enfermedades o la directa acción humana; así como aquellas que estaban en cautiverio de forma ilegal. En 25 años, han recibido a más de mil ejemplares de unas 15 especies.

Eduardo Pavéz, doctor en Ciencias Silvoagropecuarias y Veterinarias de U. de Chile y fundador del CRAR, lidera el equipo concentrado en el “Proyecto Cóndor”, cuyo objetivo es el estudio y conservación del cóndor andino. Una iniciativa de cooperación con Argentina y Colombia, principalmente.

“Trabajamos de forma coordinada con otros países como Argentina y Colombia. Se reciben cóndores dañados procedentes de todo Chile”, explica el doctor Pavez, presidente de la UNORCH. Cóndores (Vultur gryphus), águilas (Geranoaetus melanoleucus), halcones peregrinos (Falco peregrinus), cernícalos (Falco sparverius), lechuzas blancas (Tyto alba) y tucúqueres (Bubo magellanicus), entre otras.

Cuando son cóndores adultos con experiencia en vivir en libertad, una vez recuperados físicamente son enviados a sus lugares de origen y liberados lo antes posible. Sin embargo, si son pichones sin experiencia de vuelo, los que se reciben frecuentemente, se realiza un proceso especial una vez recobrada su salud y terminado su desarrollo.

“Primero se hace una evaluación y tratamiento médico en el Zoológico Nacional. Luego son trasladadas al centro, donde son dispuestas en grandes jaulas voladoras con otros ejemplares de la misma especie para ejercitar su musculatura y socializar. En la última etapa se les puede dar de comer presas vivas para que practiquen y al finalizar el proceso son liberadas en sus ambientes naturales. La idea es siempre mantener el contacto humano al mínimo”, cuenta Pavez, médico veterinario de profesión.

Antes de ser liberados, los cóndores son trasladados a la cordillera, donde también hay jaulas colgando en los cerros, en las que permanecen durante dos meses, formando bandadas, aislados del hombre y habituándose al entorno de la montaña. Son equipados con transmisores satelitales (GPS) para verificar su condición de salud, el éxito de la reinserción y estudiar sus patrones de desplazamiento. “Hasta ahora el CRAR ha liberado varias decenas de cóndores, rehabilitados o nacidos en cautiverio, y el éxito de su reinserción ha superado el 90%”, asegura Pavez.

Reintegración al hábitat natural

En el caso de los 200 choroyes, 100 tricahues y 50 cachañas, que actualmente se atienden en el Centro de Rehabilitación de Fauna Silvestre (CEREFAS) de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la U. Austral de Chile (UACH) -creado el 2005 en alianza con el SAG- una vez que ingresan, se les realiza un reacondicionamiento físico, sicológico y conductual.

“Primero es fundamental que re-emplumen, llegan con alas y/o cola cortadas o con desplume corporal producido por estrés. Luego se trabaja para conformar bandadas cohesionadas, ya que estas especies son naturalmente gregarias, es decir, que tienen la tendencia a agruparse. Así como también desvincularlas del ser humano. Es importante cambiar su dieta para sacarlas de las semillas de maravilla con las que usualmente son alimentadas e introducirlas al resto de frutos silvestres”, dice Bárbara Zentilli, médico veterinario de la organización universitaria.

En el caso de las aves rapaces, aproximadamente el 35% de las que ingresan al CRAR, son liberadas luego de su rehabilitación. Del resto que no logra recuperarse como para volver, la mayoría permanece ahí de por vida siendo utilizados para fomentar la educación y la difusión –dirigida especialmente a niños—; y también para la reproducción en cautiverio. “Otros mueren debido a sus heridas o son sometidos a eutanasia por la magnitud dolorosa de sus lesiones”, cuenta el doctor Pavez.

Mientras para las cantoras como se conoce a zorzales y golondrinas, el éxito ha sido relevante. “Hemos liberado a un gran número de ejemplares marcados y se observaron durante varias temporadas. Hoy existe un aumento considerable en la población paseeriforme (gran orden de aves que abarca a más de la mitad de las especies del mundo, se conocen comúnmente como pájaros cantores) en nuestros alrededores, lo que asumimos se debe a la reproducción y nidificación de esas aves en el lugar”, indica Zentilli, quien recientemente soltó a una bandada de 70 loros, los que se mantuvieron juntos durante una semana. Luego se les perdió el rastro y lo más probable es que se unieran a alguna camada local.

Esfuerzos de conservación

La estadía de las especies en estos refugios permite a los investigadores estudiar más sobre cada una de ellas. Se han realizado estudios de anatomía publicados, tanto de choroyes, tricahues y cachañas. También existen publicaciones sobre enfermedades infecciosas de importancia zoonótica: la giardiasis –que es causada por parásitos y suele provocar quistes— y la psitacosis –conocida por atacar usualmente a loros o papagayos, causando infección ocular o respiratoria, que además puede ser transmisible al ser humano.

¿Se están haciendo suficientes esfuerzos para proteger la biodiversidad? La docente de la UACH dice que la ciudadanía debe tomar conciencia sobre su importancia. “Si seguimos destruyendo el hábitat y no detenemos el tráfico ni educamos a la población sobre la tenencia ilegal, en 50 años más la situación podría ser critica. En el centro en tan sólo dos meses recibimos casi 100 ejemplares, todos provenientes de tráfico, y eso es solo una pequeña fracción de lo que realmente se está traficando en el país”, advierte Bárbara.

Eduardo, por su parte cree que es necesario tomar medidas concretas. “Hoy se requieren acciones decididas de investigación aplicada, de concienciación a la comunidad, de restauración de ambientes, y de erradicación de especies invasoras”, expresa.