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Mié, Abr

Dupla de científicos nacionales busca salvar orquídea chilena en peligro de extinción

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Sólo quedan 50 plantas en el mundo de esta hermosa y poco conocida flor llamada Chloraea disoides, todas en Chile puesto que es endémica de nuestro país y está catalogada en “peligro crítico de extinción”, por este motivo un dúo científicos chilenos se ha propuesto salvarla. Estudian cómo germinarlas in vitro e imitar su compleja e íntima relación con hongos específicos. Están a punto de publicar un artículo con sus hallazgos.

En Chile existen unas 50 especies de orquídeas, o quizás alrededor de 70. No se sabe cuántas con exactitud pues así de poco estudiado está el tema, aseguran los investigadores chilenos a cargo del proyecto, el Doctor en Ciencias Biológicas área Botánica de la U. Católica de Valparaíso, Cristian Atala; y el microbiólogo Dr. Guillermo Pereira de la U. de Concepción, quienes hablaron con el Programa Explora de CONICYT acerca de su cruzada por salvar la especie Chloraea disoides.

Esta flor de pétalos amarillos de 10 a 25 centímetros de altura, sólo vive en nuestro país, en dos zonas específicas: en El Salto, ubicado en los cerros que unen Valparaíso con Viña del Mar, Quinta Región; y también en otra pequeña porción de tierra en Angol, en La Araucanía. A diferencia de la mayoría de las orquídeas del planeta que crecen en los troncos de los árboles, la especie nativa chilena lo hace en el suelo. Y no en cualquiera, necesita la presencia de otros organismos, como hongos e insectos, para germinar y sobrevivir.

Germinar en laboratorio las pocas semillas que hoy existen para obtener nuevas, y así multiplicar la media centena de ejemplares que quedan, conservarlas y luego promoverlas como plantas ornamentales, es el objetivo de esta investigación. La dupla de científicos lleva cuatro años de trabajo en una carrera contra el tiempo puesto que el Cambio Climático y la mano del hombre, provocaría su desaparición para el 2041.

Cruzada para preservar las orquídeas

Estas orquídeas nativas en peligro de extinción según La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) se encuentran en su mayoría en zonas altamente pobladas y en terrenos privados, por lo tanto no cuentan con ninguna medida de protección. Sus principales amenazas son antrópicas como la contaminación, los incendios y el desarrollo urbano, entre otras. Además sufren con los animales, como conejos y ganado, que se alimentan de ellas, alterando así su natural regeneración.

“Comenzamos estudiando la relación íntima que existía entre las orquídeas y los hongos, identificando algunos de ellos. También hemos trabajado en la caracterización de las semillas, tanto en medios con hongos como en los asimbióticos, es decir, medios de cultivos en laboratorio”, dice Cristian Atala, Licenciado en Cs. Mención Biología de la Universidad de Chile y hoy académico del Instituto de Biología de la Facultad de Ciencias de la PUCV.

“Las semillas de esta orquídea es tan pequeñita que no tiene comida, ella sola no puede germinar o crecer. En la naturaleza son colonizadas por hongos del suelo, los que entran en la célula de la semilla, ésta se activa y comienza a comerse estos mohos. Estas plantas son micoheterotróficas, es decir, no hacen fotosíntesis al principio sino que después de que nacen sus hojitas”, explica el Dr. Atala, quien trabaja en el Laboratorio de Anatomía y Ecología Funcional de Plantas de esa casa de estudios.

Un desafío para la investigación es el largo tiempo que la orquídea se toma para florecer, el que puede extenderse desde cinco a siete años. Además las semillas que existen hoy no son las mejores pues derivan de plantas añosas, lo que dificulta el proceso de reproducción. “En los estudios de viabilidad de la semilla que hemos realizado, las cifras son muy bajas, entre 1% al 5%. Esto es porque es una población muy vieja, de pocos individuos, escasa variación genética y no existe regeneración porque los bichos se comen las flores, entonces no hay individuos jóvenes”, comenta Atala.

Entre los aspectos que analizan los investigadores, es la intrínseca relación que tienen las orquídeas con el suelo que las acoge, donde necesita la presencia de unos hongos germinar y nutrirse. Para esto, el Doctor Guillermo Pereira, jefe de carrera de Ingeniería en Biotecnología Vegetal de la UDEC, cultiva en laboratorio este moho y en paralelo busca replicar con otros organismos la función que desempeñan estos hongos.

“Es una asociación mutualista muy específica, es decir, es sólo un tipo de hongo con una especie determinada de orquídea. He logrado aislar esos hongos para poderlos manejar desde lo biotecnológico. Ya tenemos dos o tres cepas de esta especie reconocidas. Lo que falta es identificarlo molecularmente”, explica el Dr. Pereira, académico e ingeniero forestal de la UDEC.

“Lo que hacemos es hacerlos crecer en distintos medios de cultivo para luego inocularlos en las plantas que ya hemos germinado in vitro, para que se produzca esta simbiosis perfecta donde le entrega a la semilla alimentos, agua y nutrientes. Luego de aquello, las llevamos al campo en un momento determinado. Sin esa asociación, a pesar de que pueden germinar en laboratorio las matas, llevarlas a la tierra es llevarlas al fracaso”, expone el Dr. Pereira, experto en la Biotecnología de Hongos Micorrícicos.

Modelo Computacional Predictivo

En este proyecto se caracterizó a las poblaciones: su ubicación, cuales son las amenazas, la cantidad de individuos que hay, etc. Para lo cual se realizó un “modelamiento de nicho”, donde es posible ver en qué zonas está la planta y cómo son las condiciones de ese lugar. Con esa información, desarrollaron un sistema computacional que es capaz de “predecir” qué otros lugares poseen condiciones similares, o sea dice donde podrían crecer otras Chloraea disoides.

“Al modelar la distribución, vimos que es súper restringida, los lugares donde tiene la posibilidad de existir son muy pocos. Y si a eso le restas las zonas donde hay gente, casas, calles o carretera, es aún más chico”, añade Atala experto en Ecología y Anatomía funcional de plantas, así como en Ecofisiología Vegetal.

Otra gracia del programa es que puede “predecir” el futuro. El modelo se proyecta a 25 años (2041) pero no considera intervenciones antrópicas, sólo variables climáticas. “Con el Cambio Climático lloverá menos en los próximos años, así que si le restamos esa agua al panorama, el resultado es que toda la población del sur –Angol- desaparece. Y la distribución de la zona central –El Salto- se aprieta cada día más”, indica Atala.

El equipo está trabajando con CONAF, en la Reserva Forestal Lago Peñuelas, donde planean hacer una reintroducción de esta especie. Generar plantitas en el laboratorio, inocularlas con el hongo con que viven y ponerlas en el suelo, para recuperar la población.

“Hacemos todo esto para proponer esta zona de Valparaíso como un sitio prioritario para la conservación, porque si no se conserva ahí, desaparece. Esa es la consecuencia a corto plazo”, advierte el científico.