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Mié, Ago

Existen dos tipos de estrés, uno bueno y otro malo

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Los estudios han diferenciado el estrés “bueno” o eustrés, del estrés “malo” o distrés. El primero es una reacción de adaptación que permite la supervivencia, por ejemplo, escapar ante la presencia de un depredador, por lo que se considera un factor clave de la evolución. El segundo, en tanto, es la versión crónica del estrés y tiene efectos comprobados en el cerebro. Cuando nos estresamos, secretamos una hormona que se llama cortisol. Esta llega al cerebro, especialmente a las áreas que regulan las emociones (la amígdala) y la memoria (hipocampo).

El estrés es un concepto acuñado por el científico Hans Selye a mediados del siglo XX, quien lo definió como “una respuesta no específica del organismo ante cualquier demanda que se le imponga”. Él observó que en pacientes desahuciados, la noticia de su muerte inminente no hacía más que acelerar el desenlace fatal.

Cuando nos estresamos por largos periodos de tiempo, el cortisol se secreta a diario. Esto hace que las neuronas del hipocampo se atrofien y que la amígdala exacerbe su funcionalidad. Por eso las personas con estrés se vuelven más impulsivas y ansiosas, con problemas para relacionarse con su entorno y de productividad en el trabajo. Desde ahí se pueden desencadenar trastornos psiquiátricos, como el trastorno depresivo o ansioso, fobia, entre otros.

Fuente:

Alexies Dagnino, doctor en Ciencias Biomédicas por la Universidad de Chile.