Investigadores a bordo: así opera la flota nacional de barcos científicos

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Zarpó la flota chilena compuesta por cinco embarcaciones científicas que recorren cada año los mares del territorio con grupos multidisciplinarios de investigadores observando, tomando muestras y realizando descubrimientos. Encabezada por el Buque Cabo de Hornos, la escuadra contribuye a recolectar valiosa información de una de las zonas más desconocidas del planeta.

Enero 2016

Los océanos cubren tres cuartas partes de la Tierra, pero cerca del 95% de lo que hay en ellos está inexplorado. Es por ello que grupos de investigadores de todo el mundo, se suben cada año a barcos científicos para disminuir esa brecha de información y, en nuestro país, una pequeña flota ayuda a cumplir con ese objetivo.

Encabezada por el AGS-61 Cabo de Hornos, el buque científico más grande de Sudamérica con 74,1 metros de eslora, cinco embarcaciones componen el grupo de exploradores oceánicos chilenos: el Abate Molina, del Instituto de Fomento Pesquero (IFOP); la lancha Karpuj, del Instituto Antártico Chileno (INACH); y la triada de barcos pertenecientes a la Armada: el Aquiles y el Viel, que se suman al líder.

En operaciones desde julio de 2013, el Cabo de Hornos tuvo que ser reparado antes de comenzar a recorrer el océano, pues el devastador maremoto que azotó gran parte del país tras el terremoto del 2010 lo dejó varado a 400 metros de su sitio original con graves daños, justo el día en que sería bautizado. Ya recuperado, hoy dedica entre 200 y 220 días al año a la exploración científica.

“Fue ideado especialmente para investigación, principalmente en beneficio de la comunidad científica nacional y ha cumplido misiones para CONICYT, el Instituto de Fomento Pesquero, el Servicio Hidrográfico de la Armada (SHOA) e incluso para organismos extranjeros como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), entre otros”, explica el comandante Miguel Alarcón, de la Armada. El buque fue construido en el astillero de ASMAR en Talcahuano, con una inversión de 57 millones de dólares, convirtiéndose así en uno de los 10 más avanzados del mundo en su tipo.

Exploración de volcanes submarinos

La primera misión del 2016 del Cabo de Hornos, lo tiene navegando en las aguas del Archipiélago Juan Fernández, donde pasará 40 días estudiando la plataforma continental, para la Dirección de Fronteras y Límites del Estado (DIFROL). Poco antes y como parte de la primera travesía financiada por CONICYT, recorrió la zona entre Valparaíso y Tarapacá -a capacidad completa de 25 científicos-, analizando en detalle las transformaciones del fondo marino y las consecuencias del cambio climático en el Océano Pacífico.

“Un crucero oceanográfico de este tipo, por su costo y complejidad, requiere de un gran esfuerzo de planificación y coordinación que va mucho más allá de la travesía misma. Y en este caso, por ser también la primera vez que lo hacíamos con recursos completamente nacionales, el desafío era mayor”, dice Luis Lara, vulcanólogo del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin), quien estuvo a cargo de la investigación de los montes submarinos. “La experiencia fue gratificante”, agrega.

Estas montañas que se elevan del fondo del océano están formadas por volcanes extintos, y el Océano Pacífico es el que acoge a los más destacados en tamaño y cantidad. El equipo científico recolectó muestras de roca del monte submarino O’Higgins para comprender el origen del volcanismo en la placa de Nazca y el rol de los procesos tectónicos y magmáticos que intervienen en su ocurrencia.

“El objetivo de la misión busca complementar la información disponible sobre algunas áreas críticas, como la Dorsal de Juan Fernández y de Iquique, accediendo a muestras fundamentales para el análisis”, manifiesta Lara. “Gracias a la batimetría (técnicas de medición de las profundidades del mar, ríos, etc.) detectamos que existe un mayor número de montes submarinos, algunos de ellos nunca antes cartografiados. Además, descubrimos que son muy distintos entre ellos en términos de morfología, tamaño y aparentemente, también en edad”, añade.

En la zona, pareciera existir evidencia de episodios volcánicos más recientes que los identificados hasta ahora en cerros subacuáticos cuya edad hacía suponer lo contrario. “Unos pocos días de crucero generan una cantidad enorme de datos que ahora estamos procesando”, indica.

Vitales para el conocimiento científico

También en su primera campaña del 2016 está el buque Abate Molina, que este año cumple 25 años de labor. La embarcación que el año pasado completó nueve cruceros científicos con un total de 241 días de operación, pasará 29 días recorriendo desde Valparaíso a Los Ríos. Entre la tripulación irá un cuadrilla de 27 profesionales y técnicos del Instituto de Fomento Pesquero (IFOP), que evaluarán y caracterizarán el stock de anchoveta y sardina. Más al sur, el rompehielos Aquiles -con capacidad para 18 investigadores y dos logísticos-, comenzó su misión con investigadores hacia la Antártica.

Y hay más. La recién inaugurada lancha Karpuj, de 24,5 metros, debutará a mediados de febrero puesto que sigue en proceso de pruebas antes de emprender su primer viaje hacia el continente blanco, donde se quedará el resto de la temporada con base en bahía Fildes, ubicada en la isla Rey Jorge. Desde allí, apoyará actividades logísticas y trabajos oceanográficos en las islas Shetland del Sur y el sector noroccidental de la península Antártica. “Se abre un nuevo mundo de posibilidades para la investigación nacional en la Antártica con numerosas perspectivas de colaboración internacional”, dicen en la INACH.

“Es una herramienta bastante importante, ya que nos da la posibilidad de llegar a lugares recónditos, poco estudiados y a las zonas del océano profundo”, explica Sandra Sanhueza, investigadora de la U. de Concepción y el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2).

“Todas estos instrumentos amplían nuestras miras y nos motivan a estudiar sobre lo desconocido, indagar sobre problemáticas que no son del saber común de la gente, pero que, de todas maneras, facilitan el conocimiento y el entendimiento de nuestro sistema marino; de los organismos que allí habitan y de las ciencias marinas en general, que debiesen ser tema esencial en nuestra sociedad, al ser un país que posee costa y mar a lo largo de todo su territorio”, enfatiza la científica del CR2.