Guido Garay, Premio Nacional Ciencias Exactas 2017: “Unir a un grupo de investigadores no es sumar, es una multiplicación”

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El astrónomo que más sabe del nacimiento de estrellas, profesor y director del Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile, es el nuevo galardonado con el máximo honor que puede recibir un científico en nuestro país. Después de recibir su premio, conversó con el Programa Explora sobre lo que más le gusta hacer: mirar el cielo y formar nuevas generaciones. 

El doctor en Astrofísica de la Universidad de Harvard y líder del Centro Excelencia en Astrofísica y Tecnologías Afines, CATA, desde su fundación, Guido Garay Brignardello (67), es el flamante Premio Nacional de Ciencias Exactas 2017. Convirtiéndose así en el cuarto astrónomo en recibir el galardón que entrega el Estado de Chile a científicos sobresalientes. 

Desentrañar los misterios del universo, específicamente cómo y dónde se forman las estrellas, es la luz que ha guiado su investigación y su carrera, junto a su otra pasión: la de formar nuevas generaciones de astrónomos y potenciar esta disciplina en Chile. Garay ha recorrido el mundo estudiando y realizando descubrimientos históricos, como las 30 estrellas en formación, que detectó en la Nebulosa de Orión mientras hacía su doctorado. 

¿Qué estaba haciendo cuando recibió la llamada de la ministra?

Estaba en el Observatorio Cerro Calán, empezando a trabajar en la repostulación de nuestro Centro de Astrofísica Basal, entonces dije ‘ya, me tengo que poner a hacer los formularios’… estaba en eso cuando me llamó la ministra de Educación, Adriana Delpiano. La verdad es que me quedé sin palabras, helado, anonadado, y lo único que recuerdo, es que me dijo ‘Guido, ojalá te vinieras lo antes posible’. 

Por suerte existe el Metro, llegué en 45 minutos al ministerio. Ya se me había acabado la falta de palabras y le agradecí. Es el máximo honor que un científico puede recibir, ser premiado por la Nación por lo que uno hace y le gusta hacer. No sabía que mis colegas me habían postulado, lo que aprecio mucho. Comparto de verdad el Premio con todos mis colaboradores, que me han llevado a hacer una ciencia que ha tenido impacto mundial, y a todos mis estudiantes, que son los que realmente me hacen las preguntas más difíciles que me llevan a pensar.

Ese rol de formador es una de las razones del Premio. ¿Cómo se siente al respecto?

Contento. Cuando estaba en Harvard me fue difícil volver porque no había posiciones de trabajo en Chile, pero dije ‘No, debo volver porque tengo que hacer un grupo de radioastronomía que se dedique al estudio de la formación estelar’. Este es un premio al hecho de que yo quise formar personas y eso es lo que estoy haciendo.  

Hace 20 años todas las universidades que hacían astronomía (U. de Chile, P. U. Católica y U. de Concepción) estábamos compitiendo por los mismos recursos. Entonces, llamé a mis colegas cuando se abrieron los programas FONDAP y les dije ‘pongamos una propuesta de un centro de astrofísica, que nos una a todos, para que en conjunto abordemos problemas de frontera’. Y de eso estoy convencido: unir a un grupo de científicos, no es la suma de los investigadores, sino que es una multiplicación de ellos. Es así como hemos tenido mucho impacto con CATA. 

 

 

Amor a primera vista

¿Cómo y cuándo se enamoró de la astronomía?

Empezó a una edad bastante temprana diría yo, de los 6 o 7 años, cuando mi padre me llevaba a veranear al sur de Chile, nos íbamos más bien hacia la cordillera, donde uno levanta la cabeza ¿cierto? y ve un cielo completamente diferente al de Santiago. Ahí veía yo la tridimensionalidad de las estrellas. Desde entonces, me cautivó el firmamento. Mi papá leía mucho, era muy educado. Yo le preguntaba acerca de las estrellas y el me daba respuestas. Pero una vez quise saber por qué tenían diferentes colores y no fue muy preciso, yo dije, ‘aquí hay algo que puedo hacer’. 

¿Cuándo decidió dedicar su vida a la ciencia? 

El momento en que dije, ‘quiero ser astrónomo’ fue cuando mi profesor don Alfonso Bravo, del Instituto Nacional, llegó un día a nuestra clase de Matemática y nos dijo: niños, estuve en el radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico -recién inaugurado- y con ese instrumento la gente puede observar fenómenos que no son visibles. Pensé que entonces uno se puede adentrar a un universo desconocido, oscuro, y eso me fascinó, investigar cosas que no puedan ser vistas con el ojo.

Luego, durante mi doctorado se puso en línea un radiotelescopio, un interferómetro muy poderoso, el VLA (Very Large Array) de Nuevo México, EEUU. Observé la Nebulosa de Orión y descubrí sin quererlo 30 fuentes, que eran justamente estrellas que se estaban formando recién. Era gas colapsando para formarlas. Ahí me adentré a esta nueva rama que era la formación estelar.

Es el corazón de su investigación ¿cómo ha sido esa búsqueda de respuestas? 

Voy a contestar primero dónde nacen las estrellas, porque las que vemos son jóvenes y adultas que están quemando su componente nuclear. Y uno se puede preguntar, bueno, entonces de dónde vienen las estrellas. Esa la pregunta fundamental y muy vieja, de científicos y filósofos. La respuesta llegó hace poco, a mitad del siglo pasado, cuando se pusieron en línea instrumentos como telescopios y radiotelescopios. 

Porque las estrellas se forman en nubes moleculares, cúmulos gigantes de gas molecular y polvo. Moléculas y piedrecitas que absorben y bloquean la luz óptica, por lo tanto no se puede ver nada. Están en equilibrio y por alguna razón se pierde, con eso viene la gravedad, la que hace colapsar todo. Ahí se forma una estrella. 

Pero lo nuevo, que es lo que estamos estudiando y a lo que me dedico en el Observatorio ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array), es que en este proceso existe una eyección de gas a altas velocidades, que nadie predijo. Y también se forman discos alrededor de lo que yo llamo protoestrella, que es una estrella en formación. 

¿Cómo la tecnología le ha permitido avanzar en su investigación de larga data?

ALMA ha hecho una gran diferencia en este campo. Probé muchas resoluciones. Aquí puedes ver fenómenos físicos a escalas mucho más pequeñas, del orden de cien a mil veces más chicas de lo que se podía antes. Ahora estoy observando qué pasa con estos chorros que mencionaba anteriormente, cuál es el mecanismo de eyección, por qué salen a altas velocidades. Estamos entendiendo que hay campos magnéticos y rotaciones de disco involucrados. Estudiamos la física del corazón mismo de estos objetos.

 

La importancia de acercar la ciencia a la sociedad

Garay ha recibido numerosas condecoraciones internacionales y locales, como la Medalla Rectoral otorgada por la U. de Chile y la Cátedra Presidencial en Ciencias. Es Miembro Correspondiente de la Academia Chilena de Ciencias desde el 2009 y el cuarto astrónomo en recibir el Premio Nacional de Ciencia Exactas, siguiendo a María Teresa Ruiz (1997), José Maza (1999) y el presidente del Consejo de CONICYT, Mario Hamuy (2015), último galardonado. 

Chile es la meca de la astronomía, con los mejores telescopios y los cielos más diáfanos ¿cómo podemos aprovechar al máximo esta ventaja? 

Lo que realmente falta son recursos humanos. Hoy somos 100 astrónomos en las diferentes universidades, que ya son 10 u 11 que están cultivando la astronomía. Pero para hacer el mejor uso de los telescopios, siguiendo la estadística de países desarrollados, necesitaríamos tener 500 astrónomos. 

Por otra parte, creo que Chile necesita usar estos mega telescopios para generar tecnología. Involucrarnos en el desarrollo de instrumentación astronómica, hacer que nuestra ingeniería crezca gracias a la presencia de estos instrumentos. Afortunadamente ya hemos empezado en la U. de Chile. Tenemos el laboratorio de ondas milimétricas, que está involucrado en la construcción de receptores para ALMA, con mucho éxito, y eso ha traído muchas cosas positivas.

A su juicio, ¿por qué es importante la divulgación científica en la sociedad? 

Es importante que la gente sepa que existen otras razones por las cuales existimos y creo que la ciencia se las da. Saber ciencias es básico para hacer muchas otras cosas después en la vida. Entrega un concepto más cultural, científico-humano a todo nuestro devenir. Aquí creo que los centros de excelencia de CONICYT han impulsado la divulgación, más el Programa Explora, junto a otros grandes divulgadores en astronomía como son José Maza y María Teresa Ruiz, quienes han escrito libros para una persona común y corriente.

Los premios iniciados en 1942, cuentan con una entrega bianual en 11 disciplinas. Consta en un monto de dinero, una pensión vitalicia y un diploma. En este caso, el jurado que dirimió el galardón fue encabezado por la ministra de Educación, Adriana Delpiano, y estuvo integrado además por Ennio Vivaldi, rector de la Universidad de Chile; Arturo Flores Franulic, Rector Universidad de Tarapacá, representante del CRUCH; María Teresa Ruíz González, Presidenta de la Academia Chilena de Ciencias y Mario Hamuy, presidente del Consejo de CONICYT y Premio Nacional de Ciencias Exactas 2015.

 

Guido Garay cuenta con una larga trayectoria de financiamiento a través de distintos proyectos de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica, CONICYT. 

Entre ellos cuentan cinco proyectos del Concurso Regular de Fondecyt, su participación en proyectos del Fondo Gemini. Dirigió el Centro Fondap de Excelencia en Astrofísica, Cenastro, y actualmente es subdirector del CATA, que cuenta con financiamiento basal, a través del Programa de Investigación Asociativa, PIA.